Schumann Sahariaho Sinfónica Navarra 22/02/2013

Un regalo finlandés

Viernes, 22 de Febrero de 2013. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Kari Kriiku, clarinete. Orquesta Sinfónica de Navarra. Ernest Martínez-Izquierdo, director. Robert Schumann: Sinfonía número 2 en Do mayor, Op. 61, (1846). Kaija Sahariaho: Del verdadero sentido, (para clarinete y orquesta), (2010). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Navarra 2012-2013.

Hace algunos años, la labor programadora de la Orquesta Sinfónica de Navarra fue valorada negativamente por los aficionados, aduciendo que se interpretaba demasiada música contemporánea. Buena parte de aquellas obras estaban firmadas por compositores nórdicos actuales, como Magnus Lindberg, muy prestigiosos en la región escandinava, y conocidos internacionalmente gracias a la difusión que de su obra hicieron directores como Esa-Pekka Salonen. Preguntado Martínez-Izquierdo por el particular, él respondió que su amistad con importantes intérpretes escandinavos le había hecho comprender la grandeza de aquella música, y que era necesario darla a conocer a los aficionados pamploneses.
Ciertamente, la nueva creación de Kaija Sahariaho para clarinete y orquesta, Del verdadero sentido, basada en la contemplación de una serie de tapices expuesta en el Museo Medieval de París, pertenece por derecho propio a esa categoría. Usando una orquestación variada en la que los instrumentos de percusión afinada tienen un importantísimo papel, la obra se construye con suspense, interrumpido ocasionalmente con furiosos clímax orquestales, hasta llegar a un final hipnótico que hace terminar la obra de manera enigmática. Por otra parte, las intervenciones reservadas al solista exigen un amplísimo dominio del instrumento, pues se le piden efectos no convencionales, incluyendo multifónicos, canto combinado con la emisión habitual del clarinete, sonidos de relincho, frullatti, etc. Añádase a esto que, a veces, el solista debe tocar en lugares inhabituales del teatro o, sencillamente, mientras está desplazándose. En conjunto, la obra supone un gran reto para todos los implicados en ella, incluyendo al público.
Frente a esto, la Orquesta Sinfónica de Navarra realizó una dignísima labor, con las marimbas en particularmente buena forma. Ernest Martínez-Izquierdo interpretó la obra con concentración y entrega total. Mas el gran protagonista del concierto fue el finlandés Kari Kriiku, que interpretó su parte con seguridad pasmosa, como si todo aquello fuese lo más natural y simple del mundo. Se nota que el solista conoce la obra hasta el más mínimo detalle, no en vano fue escrita pensando en él, y la interpretó en consecuencia. La obra de Sahariaho no sugiere una ovación inmediata y fue recibida con tibieza, pero las capacidades de Kriiku fueron valoradas y sus dos brillantísimas propinas despertaron al personal. El finlandés logró así un merecidísimo triunfo.
Anteriormente, la Sinfónica de Navarra había interpretado la Segunda Sinfonía de Schumann. Teniendo en cuenta que es ésta la obra psicológicamente más compleja dentro del ciclo sinfónico del alemán, al surgir tras salir el compositor de la primera de sus numerosas crisis nerviosas, la interpretación fue muy bien medida, desplegando fuego en los movimientos extremos, sentido del humor en el Scherzo y vuelo lírico en el maravilloso tiempo lento. En él, Martínez-Izquierdo encontró el tempo adecuado para que la música fluyera con naturalidad, logrando grandes cotas de emoción. A falta de algunos detalles puntuales, una gran interpretación de la obra de un compositor con el que al actual titular de la Sinfónica de Navarra no se le suele asociar.
En conjunto, estamos ante un concierto de gran nivel, en donde lo más destacable estuvo en la segunda parte…, si no por la obra, que puede para algunos ser discutible, sí por asistir a una lección interpretativa de un gran clarinetista de nuestro tiempo: Kari Kriiku.

Un regalo finlandés

Viernes, 22 de Febrero de 2013. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Kari Kriiku, clarinete. Orquesta Sinfónica de Navarra. Ernest Martínez-Izquierdo, director. Robert Schumann: Sinfonía número 2 en Do mayor, Op. 61, (1846). Kaija Sahariaho: Del verdadero sentido, (para clarinete y orquesta), (2010). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Navarra 2012-2013.

Hace algunos años, la labor programadora de la Orquesta Sinfónica de Navarra fue valorada negativamente por los aficionados, aduciendo que se interpretaba demasiada música contemporánea. Buena parte de aquellas obras estaban firmadas por compositores nórdicos actuales, como Magnus Lindberg, muy prestigiosos en la región escandinava, y conocidos internacionalmente gracias a la difusión que de su obra hicieron directores como Esa-Pekka Salonen. Preguntado Martínez-Izquierdo por el particular, él respondió que su amistad con importantes intérpretes escandinavos le había hecho comprender la grandeza de aquella música, y que era necesario darla a conocer a los aficionados pamploneses.
Ciertamente, la nueva creación de Kaija Sahariaho para clarinete y orquesta, Del verdadero sentido, basada en la contemplación de una serie de tapices expuesta en el Museo Medieval de París, pertenece por derecho propio a esa categoría. Usando una orquestación variada en la que los instrumentos de percusión afinada tienen un importantísimo papel, la obra se construye con suspense, interrumpido ocasionalmente con furiosos clímax orquestales, hasta llegar a un final hipnótico que hace terminar la obra de manera enigmática. Por otra parte, las intervenciones reservadas al solista exigen un amplísimo dominio del instrumento, pues se le piden efectos no convencionales, incluyendo multifónicos, canto combinado con la emisión habitual del clarinete, sonidos de relincho, frullatti, etc. Añádase a esto que, a veces, el solista debe tocar en lugares inhabituales del teatro o, sencillamente, mientras está desplazándose. En conjunto, la obra supone un gran reto para todos los implicados en ella, incluyendo al público.
Frente a esto, la Orquesta Sinfónica de Navarra realizó una dignísima labor, con las marimbas en particularmente buena forma. Ernest Martínez-Izquierdo interpretó la obra con concentración y entrega total. Mas el gran protagonista del concierto fue el finlandés Kari Kriiku, que interpretó su parte con seguridad pasmosa, como si todo aquello fuese lo más natural y simple del mundo. Se nota que el solista conoce la obra hasta el más mínimo detalle, no en vano fue escrita pensando en él, y la interpretó en consecuencia. La obra de Sahariaho no sugiere una ovación inmediata y fue recibida con tibieza, pero las capacidades de Kriiku fueron valoradas y sus dos brillantísimas propinas despertaron al personal. El finlandés logró así un merecidísimo triunfo.
Anteriormente, la Sinfónica de Navarra había interpretado la Segunda Sinfonía de Schumann. Teniendo en cuenta que es ésta la obra psicológicamente más compleja dentro del ciclo sinfónico del alemán, al surgir tras salir el compositor de la primera de sus numerosas crisis nerviosas, la interpretación fue muy bien medida, desplegando fuego en los movimientos extremos, sentido del humor en el Scherzo y vuelo lírico en el maravilloso tiempo lento. En él, Martínez-Izquierdo encontró el tempo adecuado para que la música fluyera con naturalidad, logrando grandes cotas de emoción. A falta de algunos detalles puntuales, una gran interpretación de la obra de un compositor con el que al actual titular de la Sinfónica de Navarra no se le suele asociar.
En conjunto, estamos ante un concierto de gran nivel, en donde lo más destacable estuvo en la segunda parte…, si no por la obra, que puede para algunos ser discutible, sí por asistir a una lección interpretativa de un gran clarinetista de nuestro tiempo: Kari Kriiku.

Anuncios
Publicado en Críticas DIARIO DE NAVARRA | Deja un comentario

Celso Alvelo Virginia Wagner Teatro Gayarre 28/02/2013

Mucho más que grandes voces

Jueves, 28 de Febrero de 2013. Teatro Gayarre de Pamplona. Virginia Wagner, soprano. Celso Albelo, tenor. Juan Francisco Parra, piano. Canción y danza número 6 de Federico Mompou y arias y dúos procedentes de óperas de Giuseppe Verdi, Francesco Cilea, Gaetano Donizetti, Charles Gounod y Jules Massenet, y de zarzuelas de Ruperto Chapí, Amadeo Vives, Pablo Sorozábal, Manuel Penella y Gerónimo Giménez. Concierto organizado por la Asociación Gayarre Amigos de la Ópera.

La llegada de Celso Albelo y Virginia Wagner a Pamplona no causó, comparativamente, la misma expectación que produjo el concierto de Joseph Calleja en Baluarte. Tratándose de un recital de ópera y zarzuela con piano de dos cantantes proporcionalmente menos promocionados, esto era de esperar. Con todo, el Teatro Gayarre presentaba una buena entrada, y aquellos que decidieron acudir ciertamente no salieron decepcionados, porque disfrutaron de un gran concierto.
La estrella del evento era, naturalmente, el tenor. Celso Albelo es el típico tenor lírico que los amantes de la ópera tenemos en mente. La voz es amplia y capaz de agudos potentes, de los que gustan a los amantes del espectáculo vocal, y muestra empuje y aliento heroico cuando es necesario. En ese sentido, realizó algunas demostraciones en “La dona e mobile” o en la jota de El trust de los Tenorios que ofreció como propina, con un excelente Re sobreagudo en esta última que fue merecidamente ovacionado por el público.
Sin embargo, Celso Albelo mostró más que eso. En las páginas belcantistas, nos recordó que la expresión italiana bel canto significa verdaderamente “canto bello”. Esto, que puede parecer una perogrullada, no suele mostrarse en las interpretaciones de los cantantes de manera tan evidente, ni antes ni ahora. Albelo mostró un gusto exquisito a la hora de matizar los personajes, de desgranar el fraseo de las arias. A este respecto, su interpretación de “Una furtiva lacrima” alcanzó un gran nivel, a la altura prácticamente de lo mejor que hoy se pueda escuchar en el panorama lírico.
En el caso de Virginia Wagner, el autor de este texto ya le había escuchado algunas interpretaciones en una transmisión radiofónica hace algunos años. Entonces, la voz era muy prometedora; ahora, sigue sorprendiendo por qué no frecuenta más algunos grandes teatros. Es una soprano lírica, con capacidad en la zona aguda y una voz consistente, mostrando recursos técnicos sobrados. Tardó si acaso un poco más que Albelo en entrar en acción, puesto que en el aria de Liú de Turandot aún podía haber apianado más en sus ascensos al agudo. Sin embargo, cuando llegó a la canción del sauce de Otello ya había entrado en harina, realizando una interpretación muy matizada de la que es, para quien esto firma, la mejor aria del corpus verdiano. En la segunda parte, se le agradeció su manera de intentar imitar los acentos propios de los personajes que interpretaba, de acuerdo con su procedencia geográfica. En el caso de la protagonista de La Tempranica, el resultado fue especialmente logrado.
Ambos cantantes fueron acompañados por Juan Francisco Parra. Su labor fue muy ajustada y atenta, no sólo a las necesidades de los cantantes, sino también a crear la atmósfera adecuada en cada obra. Su intervención a solo, en la Canción y danza número 6 de Mompou, quizá no llegó a la gran altura del resto del concierto, pero sin duda Parra fue una pieza clave para que todo saliese con un nivel musical general tan elevado.
En conjunto, la velada fue entretenida y de altos vuelos. El público aplaudió con fuerza a los artistas y disfrutó de un concierto que no sólo reunía dos grandes voces…, sino mucho más que eso, lo que ciertamente no es demasiado frecuente.

Publicado en Críticas DIARIO DE NAVARRA | Deja un comentario

Banda Pamplonesa Egea Teatro Gayarre 24/02/2013

Clásicos de hoy

Domingo, 24 de Febrero de 2013. Teatro Gayarre de Pamplona. Banda de Música “La Pamplonesa”. Josep Vicent Egea, director. Manuel Palau: Marcha burlesca, (arreglo para banda de concierto del propio compositor), (1936). David Maslanka: Danos hoy nuestro pan de cada día, (2006). James Barnes: Fantasía de variaciones, (1988). Johan de Meij: Transformación extrema, (2005). Concierto extraordinario ofrecido por la Banda de Música “La Pamplonesa” en el Teatro Gayarre.

Las categorías y conceptos musicales suelen ser equívocos. Dejando al margen la definición históricamente más adecuada, más restrictiva aún, suele entenderse por “clásica” la llamada “música culta occidental”, desde el canto gregoriano hasta los modernismos más revolucionarios de Kaija Sahariaho, entre otros. Mas en puridad, lo clásico es aquello que no envejece y nos sigue conmoviendo aunque pase el tiempo, y así también consideraríamos clásicos a Los Beatles o Mecano, que no pertenecen a la tradición culta.
No estamos en condiciones de afirmar hoy, por tanto, que las obras que se presentan en nuestros teatros serán consideradas “clásicas” en tiempos venideros, pero el programa del concierto que nos ocupa incluía obras que merecen serlo, y que ya hoy forman parte del repertorio de las grandes agrupaciones de viento. Por otra parte, como veremos, los resultados musicales fueron magníficos.
La Marcha burlesca de Manuel Palau es una obra repleta de guiños humorísticos y parodias, sobre todo de las marchas de procesiones. El arreglo está muy bien realizado, hasta tal punto que parecería que la obra hubiese sido concebida para esta formación, y Vicent Egea supo aprovechar la riqueza de la escritura para ofrecer una interpretación viva y enérgica, que prometía grandes cosas para las obras siguientes.
Give us this day de David Maslanka es un mundo sonoro distinto. La primera sección es un gran fresco sinfónico, con una escritura plenamente romántica y evocadora de un paisaje natural tranquilo y ameno. La manera en la que se alcanzan los clímax más poderosos resulta especialmente lograda. La sección central, más dramática, establece un brusco contraste, y no alcanza quizá la unidad formal de la primera sección, pero el final, con una cita del Vater unser luterano rearmonizado hasta parecer casi irreconocible, resulta espectacular. Vicent Egea supo entender bien la obra y realizó una interpretación brillante, soslayando en parte la debilidad de la mencionada sección central.
La Fantasía de variaciones de James Barnes parece un equivalente bandístico de la Guía de orquesta para jóvenes de Britten. Es una espléndida serie de variaciones sobre el Capricho XXIV de Paganini en la que todos los instrumentos, individualmente o por familias, tienen su momento de gloria. Es una obra muy agradecida, y La Pamplonesa la interpretó con convencimiento, alcanzando algunas familias intervenciones de gran nivel. Lástima que en la variación reservada al corno inglés, lírica y expansiva, éste no tuviese tiempo suficiente para mostrar todo lo que encierra ese momento mágico en particular.
Finalmente, Transformación extrema de Johan de Meij es un homenaje a Tchaikovsky, de donde provienen buena parte de los temas, tratados de manera magistral, aunque quizá lo más sorprendente es la instrumentación, que resulta muy brillante y emplea ocasionalmente instrumentos inusuales, como botellas rellenadas con agua y afinadas convenientemente. Siendo una obra muy compleja y difícil, el resultado que La Pamplonesa obtuvo de ella fue espectacular, y propició una fuerte ovación del público.
En conjunto, fue un concierto muy bien realizado, que incluyó varios de los clásicos del actual repertorio de las bandas de concierto, que no están al alcance de todas las agrupaciones. Todo apunta a que estas obras difícilmente perderán vigencia y seguirán interpretándose. Bien lo merecen.

Publicado en MUSICA CLASICA | Deja un comentario

Haydn Humel Prokofiev Sinfónica Navarra 08/03/2013

El espíritu clásico

Viernes, 8 de Marzo de 2013. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Manuel Blanco, trompeta. Orquesta Sinfónica de Navarra. Ernest Martínez-Izquierdo, director. Franz Joseph Haydn: Sinfonía número 22 en Mi bemol mayor, Hob. I número 22, (El filósofo), (1764). Johann Nepomuk Humel: Concierto para trompeta y orquesta en Mi mayor, (1804). Franz Joseph Haydn: Sinfonía número 49 en Fa menor, Hob. I número 49, (La Pasión), (1768). Sergei Prokofiev: Sinfonía número 1 en Re mayor, Op. 25, (Clásica), (1917). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Navarra 2012-2013.

Los libros de Historia de la Música hablan de un estilo clásico al referirse a la música de la segunda mitad del siglo XVIII. Son obras en donde las proporciones formales estaban especialmente cuidadas, con una serie de reglas no escritas que prácticamente todos los compositores aceptaron, y en las que la elegancia y un finísimo sentido del humor son imprescindibles. Con frecuencia, hay diálogos entre las secciones orquestales y salidas armónicas inesperadas, que tienen que ser subrayadas especialmente en los movimientos rápidos. Fue Haydn uno de los principales impulsores de ese modelo, aunque en ninguna de las sinfonías escuchadas en este concierto se cumplen todas las convenciones habituales en la época. Con todo, el estilo Haydn, al igual que el estilo Humel o el estilo Beethoven, siempre ha de ser reconocible.
En este caso Ernest Martínez-Izquierdo, que en otros repertorios más modernos puede hacer en ocasiones muy buenas interpretaciones, no parece el director más afín a este estilo. Las dos obras del autor de Rohrau fueron claros ejemplos. La Sinfonía número 22 resultó demasiado grave en el primer movimiento, y sobre todo precipitada en los dos tiempos rápidos, en este caso segundo y cuarto. No es necesario poner en apuros a los instrumentistas, cuando el sentido del humor de esta música puede salir a flote más fácilmente con tiempos más moderados, sin perder la claridad de líneas que la escritura pide. La Sinfonía número 49 fue mejor realizada técnicamente, pero tampoco se libró de la prisa de los movimientos rápidos y la falta de atención al detalle en el lento inicial.
El Concierto para trompeta de Humel sí alcanzó un mayor interés. El responsable de ello fue el solista, Manuel Blanco, un trompetista técnicamente muy dotado que además frasea con mucho gusto y elegancia. Fue precisamente el segundo movimiento, el tiempo lento, lo más conseguido de una lectura por su parte muy musical y planteada con mucha atención a los detalles. El acompañamiento de Martínez-Izquierdo fue bueno. El éxito del solista fue grande y merecido, y Blanco obsequió al público con Oblibion de Piazola, en una lectura de gran intimismo y poesía.
La Sinfonía Clásica de Prokofiev cerró el concierto. Puede parecer que en una sinfonía tan deudora de los cánones clásicos como la Primera de Prokofiev, Martínez-Izquierdo tropezaría con los mismos problemas que en las obras de Haydn. Pero el lenguaje más corrosivo y despiadado del autor ruso parece motivarle más que la ironía menos directa del austríaco, y lo cierto es que el director catalán ofreció una interpretación muy digna de la obra. Sacó a la luz más detalles humorísticos; se permitió rubatear sin complejos en la Gavota; ofreció la afectada delicadeza que pide el tiempo lento… En conjunto, una versión interesante, adecuadamente premiada por el público.
Siendo como ha sido ésta una velada irregular, quedó al menos la sensación de volver con una cierta sonrisa a casa, después de una buena Primera de Prokofiev y de escuchar a un gran trompetista. Pero nuevamente se ve confirmada la falta de directores realmente capaces de hacer buenos Mozart o Haydn. Y es que el espíritu clásico no consiste sólo en correr lo más rápido posible.

Publicado en Críticas DIARIO DE NAVARRA | Deja un comentario

Europa Galante Telemann Vivaldi Teatro Gayarre 10/02/2013

Casi demasiado serio

Domingo, 10 de Febrero de 2013. Teatro Gayarre de Pamplona. Europa Galante. Fabio Biondi, violín y director. Giovanni Battista Sammartini: Sinfonía número 6 en Fa mayor, JC 39. Georg Philip Telemann: Suite burlesca de Don Quijote en Sol mayor, TWV 55. Arcangelo Corelli: Concerto grosso en Re mayor, Op. 6 número 4, (1714). Antonio Vivaldi: Concierto para violín, cuerda y continuo en Mi mayor, Op. 8 número 1, RV 268, (La primavera), (1725). Concierto para violín, cuerda y continuo en Sol menor, Op. 8 número 2, RV 315, (El verano), (1725). Concierto para violín, cuerda y continuo en Fa mayor, Op. 8 número 3, RV 293, (El otoño), (1725). Concierto para violín, cuerda y continuo en Fa menor, Op. 8 número 4, RV 297, (El invierno), (1725). Concierto inscrito en el ciclo de Grandes Intérpretes organizado por la Fundación Municipal Teatro Gayarre 2012-2013.

Cuando Fabio Biondi y otros directores italianos irrumpieron en el panorama de la interpretación históricamente informada, fueron considerados como una especie de enfants terribles. Aquellos grupos venidos del sur trajeron savia nueva a nuestra visión de los autores del Barroco, especialmente de Vivaldi. Eran versiones animadas, cargadas de contrastes, libres en muchos aspectos, amén de técnicamente perfectas. Desde luego, algunas versiones más tradicionales han mantenido el tipo a pesar de todo, pero desde su llegada nada volvió a ser lo mismo en este repertorio.
Todos aquellos grupos siguen hoy en activo. Rinaldo Alessandrini, Giovanni Antonini y Otavio Dantone siguen con los mismos presupuestos de entonces, y experimentan cada vez con más libertades. Sin embargo, Fabio Biondi ha preferido adentrarse en otros repertorios, y cuando vuelve al Barroco, obtiene resultados muy distintos, como pudimos escuchar en este concierto.
Tras una sinfonía de Sammartini no demasiado destacable, la sorpresa llegó con la Suite Don Quijote de Telemann. Tras una obertura a la francesa con puntillos un tanto diluidos, los movimientos descriptivos perdieron su característico sentido del humor. Ni los suspiros de Dulcinea fueron especialmente significados, ni el cabalgar de Rocinante tomaba el falso porte aristocrático que debía. Todos estos contrastes, que quizá en otra época Biondi habría destacado más, fueron amortiguados y en general la interpretación perdió espontaneidad.
El concierto de Corelli fue muy bien interpretado, destacando sobre todo por el sentido del ritmo. Los aires de danza de los movimientos rápidos fueron muy logrados, con una Giga de gran viveza. Con todo, los tiempos lentos fueron también muy líricos, con solistas especialmente inspirados. Fue lo mejor de toda la velada.
Se esperaba mucho de lo que Fabio Biondi pudiese hacer con Las cuatro estaciones de Vivaldi. Frente a un conjunto técnicamente perfecto, el italiano podía desplegar todas sus armas mostrando el naturalismo de la obra, y en efecto, fue sin duda una muy buena interpretación. La tormenta que cierra el Verano, la batida de caza con la que concluye el Otoño y el Invierno completo, fueron muy bien resueltos, alcanzándose en esas secciones efectos orquestales especialmente interesantes. Sin embargo, esta mitigación de los contrastes de que hablábamos en la suite de Telemann también se reflejó aquí. Así, los tiempos lentos no alcanzaron el nivel de los movimientos rápidos, porque Biondi no se detuvo en paladearlos, y otros momentos, como el rústico comienzo del Otoño, no fueron suficientemente exagerados. En un director cualquiera, éstos serían defectos menores, pero Biondi es un gran especialista en este repertorio y se esperaba una interpretación con más sentido del humor y acorde con ese nivel. Con todo, el éxito fue grande, y se repitió el tiempo lento del Invierno, con dedicatoria incluida a Patxi Montero, contrabajista navarro que tocaba en el conjunto y que, por cierto, realizó una magnífica labor reforzando el riquísimo continuo.
En conjunto, fue un concierto con obras muy conocidas, del que el público realmente disfrutó. Pero conociendo los precedentes del grupo y parafraseando aquel título de Schumann, buena parte del concierto pareció “casi demasiado serio”.

Publicado en Críticas DIARIO DE NAVARRA | Deja un comentario

Tosca Baluarte 08/02/2013

Lujo vocal

Viernes, 8 de Febrero de 2013. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Tosca: Drama lírico en tres actos con libreto de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa y música de Giacomo Puccini, estrenado el 14 de Enero de 1900 en el Teatro Constanzi de Roma. Annalisa Raspagliosi (Floria Tosca), Jorge de León (Mario Cavaradossi), Marco di Felice (Barón Scarpia), Marco Moncloa (Sacristán), Alberto Feria (Angelotti), Emilio Sánchez (Spoletta), Jeroboám Tejera (Sciarrone), Iñaki Esparza (Un carcelero), Olaia Lamata (Un pastorcillo), José Antonio Katxua (Roberti), David Almazán (Soldado I), Harkaitz Urbizu (Soldado II), Daniel Sánchez (Fiscal). Escolanía del Orfeón Pamplonés. Juan Gaínza, director de la escolanía. Coro del Orfeón pamplonés. Igor Ijurra, director del coro. Orquesta Sinfónica de Navarra. Giancarlo del Monaco, director de escena. Daniel Bianco, escenografía e iluminación. Jesús Ruiz, vestuario. Will Humburg, dirección musical. Función inscrita en la temporada de espectáculos de Baluarte Febrero-Mayo 2013.

En tiempos de escasez vocal, cada vez parece más difícil reunir repartos adecuados para las óperas de gran repertorio, archigrabadas y conocidas por todos. El caso de Tosca de Puccini no es una excepción, sobre todo en lo que respecta a los tres personajes protagonistas. Con todo, el aspecto vocal fue lo más granado de una función, que había despertado gran interés.
La idea que presidía la propuesta escénica de Giancarlo del Monaco, hijo de Mario del Monaco, el mejor tenor italiano del siglo XX, resultó reveladora en muchos aspectos. Trasladar el argumento de Tosca a la Italia reconquistada por el fascismo en 1943, con su ambiente opresivo e intolerante, encaja muy bien con el espíritu de la ópera, algo habitual en las puestas en escena del italiano, que no suelen buscar el escándalo gratuito.
La gran protagonista de la función fue la Tosca de Annalisa Raspagliosi. La soprano italiana carece en parte de la fuerza dramática que caracterizó a las mayores intérpretes de este papel, Maria Callas a la cabeza, pero a cambio reflejó mejor el alma de esta mujer, de carne y hueso, atormentada primero por los celos y luego por los excesos de Scarpia. Ya en el primer acto cantó a muy buen nivel, y en los otros dos logró mantenerlo, con un “Visi d’arte” de gran altura.
Jorge de León, probablemente el mayor descubrimiento del Concurso Julián Gayarre en los últimos años, desplegó como en él es habitual una voz potente y brillante en los agudos. En el primer acto, aún no había entrado en el papel, y no logró matizar bien los textos, pero su actuación fue a más en los dos actos siguientes. Su increpación a Scarpia al conocerse la victoria militar de Napoleón alcanzó una gran fuerza heroica, y el aria del tercer acto fue magníficamente matizada. Fue despedido con ovaciones muy merecidas.
El barón Sccarpia de Marco di Felice no alcanzó un nivel tan alto. Se le agradeció el afán de cantar su parte, y no pretendió ganar autoridad recurriendo constantemente al grito, como hacen otros intérpretes del papel. Pero ESTO HIZO QUE A SU retrato del jefe de policía le faltara empaque, y apenas reflejó el aspecto más maligno del personaje.
Los personajes secundarios fueron en general bien servidos. El Orfeón Pamplonés en sus distintas formaciones realizó con eficacia su parte, no demasiado extensa pero con dificultad añadida por su ubicación.
La dirección de Will Humburg no resultó muy lograda. Prefirió centrarse en el aspecto más sinfónico de la obra, obteniendo de la orquesta sonoridades de increíble belleza. Mas la ópera es, ante todo, teatro musical, y esa preocupación por el sonido orquestal provocó caídas de tensión, especialmente lamentables en el segundo acto, que es para el firmante la mayor muestra del genio de Puccini como dramaturgo.
En conjunto, se puede decir que fue una buena función, que si no acabó de despegar por completo, fue por ausencia de fuerza dramática en determinados momentos. Eso sí, Raspagliosi y de León ofrecieron interpretaciones de gran nivel, algo que en estas óperas no suele ser fácil de conseguir. En ese aspecto, estamos de enhorabuena.

Publicado en Críticas DIARIO DE NAVARRA | Deja un comentario

Martin Fröst Orquesta Euskadi Mozart Sibelius Baluarte 29/01/2013

Música pura

Martes, 29 de Enero de 2013. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Martin Fröst, clarinete (di basetto). Lorenz Nasturika, concertino. Orquesta Sinfónica de Euskadi. Ari Rasilainen, director. Mauricio Sotelo: Azul en lontananza, (2012, estreno absoluto). Wolfgang Amadeus Mozart: Concierto para clarinete (di basetto) y orquesta en La mayor, KV 622, (1791). Jean Sibelius: Sinfonía número 2 en Re mayor, Op. 43, (edición Urtext de Breitkopf y Härtel preparada por Kari Kilpeläinen), (1902). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Euskadi 2012-2013.

El final del siglo XIX vio surgir una corriente de pensamiento musical. Eduard Hanslick, su máximo adalid, proponía examinar las obras únicamente por sus aportaciones musicales. Según él, la música ha de bastarse por sí misma, y recurrir a explicaciones extramusicales supone, en cierta manera, adulterarla. Así, la ópera y la música programática, apoyadas en argumentos filosóficos y literarios, se quedarían en un orden inferior, a menos que pudiésemos prescindir de esos elementos espurios para poder disfrutarlas simplemente en su esencia sonora. El concierto que nos ocupa muestra que, tal vez, el reto propuesto por Hanslick resulte más vigente de lo que nos pueda parecer.
El título de Azul en lontananza no parece dar muchas pistas sobre el contenido musical de la nueva obra de Mauricio Sotelo. Tras un comienzo en donde el sonido crece desde la nada, con un habilísimo uso del color orquestal, poco a poco la música va ganando en agitación, con un concertino que tiene una labor decisiva y difícil, hasta terminar en un final explosivo y quizá demasiado espectacular. La relación de la obra con la cultura vasca y navarra, como la mayor parte de los estrenos del Proyecto Tesela, es apenas perceptible, lo que obliga a centrarse en la música en sí, suficientemente interesante por sí misma. Rasilainen interpretó la obra con enorme convicción, especialmente palpable en el misterio de los compases iniciales.
No parece tan fácil plantear la audición del Concierto para clarinete de Mozart desde una perspectiva pura, especialmente conociendo su aparición masiva en el cine y en la publicidad. Sin embargo, Martin Fröst nos facilitó en gran medida el trabajo. El sonido es bellísimo y la técnica portentosa, como demostró en el tercer movimiento y en las cadencias, quizá excesivamente adornadas. Tocó con emoción contenida, sin intentar enfatizar nada en ningún momento, algo que aquí funcionó muy bien, aunque no parezca lo más adecuado en otros repertorios. El acompañamiento fue muy atento a las necesidades del solista y centrado en el estilo. El clamoroso éxito de público obligó a Fröst a interpretar dos propinas, igualmente aclamadas.
Se pregunta muy inteligentemente Mikel Chamizo en las notas al programa por qué la música de Sibelius está tan relacionada con Finlandia, y en concreto qué tiene de finlandés la Segunda Sinfonía. Parece que Rasilainen también se realizó una pregunta similar, porque su interpretación se apartó de buena parte de los tópicos habituales. Aunque el sonido orquestal sí resultó adecuadamente agreste, ni el primer movimiento sonó pastoral, ni los himnos del Finale parecieron triunfalistas. Incluso el tiempo lento fue tomado con cierta presteza. Fue una interpretación bien estructurada, realizada desde la perspectiva de una sinfonía convencional, que fuera de una transición al cuarto movimiento en donde tardó demasiado en establecerse el tempo deseado como único, funcionó muy bien y fue premiada adecuadamente por el público.
En conjunto, fue una velada de gran interés, en donde los mejores momentos se lograron con un solista de clarinete técnicamente perfecto, y una Segunda de Sibelius apartada de la costumbre. El público supo apreciarlo y se mostró generoso con los artistas. Merecidamente.

Publicado en Críticas DIARIO DE NAVARRA | Deja un comentario