“Tristán e Isolda” en Berlín o El día que conocí a Daniel Barenboim

Daniel Barenboim 5 de Abril 2010

Lunes, 5 de Abril de 2010.
Staatsoper unter den Linden, Berlín. “Tristán e Isolda”: Drama musical en tres actos con libreto y música de Richard Wagner, estrenado el 10 de Junio de 1865 en el Teatro Real de la Corte de Múnich. Peter Seiffert (Tristán), Waltraud Meier (Isolda), Roman Trekel (Kurwenal), Ekaterina Gubanova (Brangania), Renèe Pape (Rey Marke), Rainer Goldberg (Melot), Florian Hofman (Voz de un joven marinero / Un pastor), Artu Kataja (Un timonel). Coro de la Staatsoper de Berlín. Eberhardt Friedrich, director del coro. Orquesta de la Staatsoper de Berlín (Staatskapelle de Berlín). Harry Kupfer, director de escena. Daniel Barenboim, director musical. Ocupación completa del aforo. El público siguió con gran concentración toda la representación que tuvo una duración de más de 5 horas (incluidos los 2 descansos).
Aplausos entusiastas después de cada uno de los actos y especialmente después del tercer acto en el que tuvieron una duración de 20 minutos. Aplausos especialmente calurosos para Daniel Barenboim y su orquesta.

Los escritos teóricos de Richard Wagner han sido muchas veces criticados, y no sin razón. A lo largo de su vida, Wagner los usó muchas veces de forma bastante demagógica para descalificar a algunos de sus contemporáneos, y por supuesto, entre ellos se cuenta el famoso panfleto “Los judíos en la música”, que ha dado lugar históricamente a tanta polémica. El mismo Daniel Barenboim, tan wagneriano como él es, reconoce que gran parte de ellos no le interesan.
Sin embargo, hay algunos escritos teóricos de Wagner que sí son importantes, porque nos revelan las intenciones de Wagner sobre sus dramas musicales. Especialmente en sus obras tardías, busca Wagner lo que él llama “obra de arte total”, en la que texto, música y escena estarían completamente al servicio del drama. Esto no es fácil de lograr, pero cuando se consigue el resultado sólo puede ser extraordinario.Para empezar, en el caso de la representación que nos ocupa funcionó la escenografía planteada por Harry Kupfer. Al contrario que en otros dramas wagnerianos, aquí Kupfer no entra en temas políticos ni en ideas apartadas del drama en sí. Es una escenografía muy sencilla, basada en la representación de un ángel caído que va cambiando de posición según lo exige la acción dramática. Creo que Wieland Wagner, el hermano del recientemente difunto Wolfgang Wagner, estaría muy orgulloso de esta producción.
Suele decirse que el nivel general de un teatro de ópera depende de la calidad de sus cuerpos estables, (orquesta, coro y ballet). En el caso que nos ocupa, la Staatskapelle de Berlín demostró el lunes que es una buena orquesta wagneriana, que conoce bien la obra y responde bien a las órdenes de Barenboim. El coro cuenta con el mismo director de los Coros del Festival de Bayreuth, pero éstos tienen una tradición más antigua especialmente desde la reapertura de 1951. Los de la Staatsoper no pueden medirse con la perfección bayreuthiana, pero son muy disciplinados y funcionan mejor de lo que en España solemos estar acostumbrados en materia wagneriana.
Incluso el lunes pasado funcionaron también bien las intervenciones de los intérpretes de personajes comprimarios. El Melot de Rainer Goldberg funciona precisamente por la tosquedad y la fealdad de timbre del cantante, que resalta muy bien la vileza del personaje. Mucha atención a Florian Hofman: es un cantante joven, que frasea con mucho gusto y a quien auguramos desde aquí una gran carrera, por supuesto en papeles más importantes quizá en ópera italiana.
El lunes pasado, siguió funcionando Roman Trekel como Kurwenal. Digo esto porque varios días después, he leído una reseña de un “Tannhäuser” milanés en el que Trekel debió de mostrar signos de cansancio vocal. Pero el otro día hizo una recreación de Kurwenal como mandan los cánones, sin ninguna afectación, simple, con franqueza. Cantó muy bien y en ningún momento pareció realmente cansado.
Funcionó también la Brangania de Ekaterina Gubanova. Es verdad que, estando la Meier en acción como Isolda, es difícil que la Brangania de turno sea capaz de distinguirse de ella y crear el adecuado contraste. Pero realmente hizo un buen papel en conjunto. Es cierto que habría preferido que las advertencias del segundo acto hubiesen sonado más “in die Ferne”, en la lejanía, pero el efecto deseado es muy difícil de lograr en un teatro tan pequeño como la Staatsoper de Berlín.
Por supuesto, funcionó el rey Marke de Renèe Pape, con su recreación tradicional del personaje (ya se sabe: un Marke de gran humanidad, casi paternalista). A mí, al menos, me recuerda mucho lo que en tiempos bastante lejanos hacía Ludwig Weber con el personaje.
También funcionó sorprendentemente bien Peter Seiffert como Tristán. Y digo “sorprendentemente” porque Seiffert se había dado a conocer con papeles más líricos, como Walter de “Maestros”, Erik de “Holandés” o Lohengring. Le había escuchado ya en Tannhäuser, pero entonces pareció un tanto agarrotado especialmente en el primer acto. Sin embargo, el lunes pasado hizo un Tristán muy bueno, cantó al modo propio de los verdaderos tenores heroicos wagnerianos y pareció llegar bastante entero al final, sin necesidad de demasiadas economías…, siempre que le perdonemos el no haber podido hacerse oír en algún agudo del tercer acto. Es lo que tienen estas partes de tenor wagneriano: pasada la era de Melchior, Suthaus y compañía (e incluso la de Windgassen), lo que Seiffert logró el lunes es muy meritorio.
Es asombroso lo de Waltraud Meier con el personaje de Isolda. Se ha escrito que la voz de la Meier ha perdido su frescura de antaño, que ahora tiene más apuros en la zona alta. Puede que todo esto sea verdad, pero apenas tiene importancia teniendo en cuenta el gran recital que hace en cuanto a caracterización del personaje. Después de más de veinte años madurando el papel, Meier encuentra una cantidad inmensa de matices en Isolda. Es la de la Meier una Isolda muy humana. En el primer acto, más que sed de venganza, parece ser desamparo lo que siente. Llega a recordarme a Sieglinde, algo que también ocurre tras la muerte de Tristán. Nada que ver, por tanto, con la Isolda de Flagstadt, la noruega siempre “más allá del bien y del mal”, como si perteneciera a un mundo superior. Pero frente a esa Isolda monolítica de la Flagstadt, (eso sí, vocalmente mucho más perfecta), la de Meier tiene más matices intermedios.
Finalmente, queda aún la dirección de Daniel Barenboim. Pero a este respecto todos los calificativos se quedan cortos. Hay quien echa de menos en el concepto barenboimiano una mayor sensualidad, al estilo Karajan. Yo creo que no es necesaria, y que además en todo caso hoy nadie es capaz de hacer un “Tristán” con tantos matices como los que encuentra Barenboim en la obra. Acaso Thielemann o Rattle se acerquen, pero nadie puede superar los logros de Barenboim. El apasionado preludio, el delirante final del primer acto, el desolador acompañamiento al monólogo de Marke, el preludio al tercer acto, la muerte de amor…, son quizá algunos de los momentos más representativos, pero no dan idea por sí solos de la amplitud del concepto de Barenboim. La comparación de Barenboim debe hacerse con respecto de los grandes directores wagnerianos del pasado. En una visión tan intensa como la suya, al final de la muerte de amor se necesitan varios segundos de silencio para poder reponerse.
En resumen, todos los elementos que hacen falta en una función de “Tristán e Isolda” se dieron el lunes pasado, contribuyendo a que la representación fuese memorable. Y entonces… ¡Ah! ¡Qué agradable y qué terapéutico es escuchar Wagner cuando todo funciona!

Y cuando parecía que todo había acabado y con el sonido de los aplausos resonando en mi cabeza y en mi corazón ocurrió lo inesperado:

Una llamada de teléfono para decirme que tenía la oportunidad de conocer al gran maestro, al artífice de todo lo que acababa de vivir.
Minutos más tarde estaba saludando al Sr. Barenboim, se interesó por mi estudios musicales, casi no me salían las palabras… tantas emociones. Me deseó mucha suerte y para inmortalizar el momento aquí está la foto de este día inolvidable.
Para saber más de Daniel Barenboim, excelente pianista, director de orquesta, pacifista convencido, Premio “Principe de Asturias” del que hablo en mi página “Música contra la guerra” tienes un enlace a la Fundación Barenboim-Said.

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Una respuesta a “Tristán e Isolda” en Berlín o El día que conocí a Daniel Barenboim

  1. pilsad dijo:

    IMPRESIONANTE.

    Estamos disfrutando contigo.

    Al final los esfuerzos son recompensados y bien merecidos tienes los frutos que vas consiguiendo. Esta Semana Santa de 2010, supongo la recordarás siempre como lo mejor de lo mejor.

    Aupa Xabier!!!!!.

    Un abrazo.

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