Proyección de “Aída” de Giuseppe Verdi en Baluarte

El próximo viernes 7 de mayo se celebra el Día Europeo de la Ópera. Para celebrar este acontecimiento, Baluarte ha programado una proyección de una función de “Aída” del Gran Teatro del Liceo. Me ha parecido oportuno a contar brevemente algunos aspectos de la génesis de la ópera y ofrecer una sinopsis argumental.

En el año 1868, Verdi acababa de estrenar su “Don Carlos” en París. Había sido una ópera larga, orquestalmente densa y difícil de seguir. A pesar de que Verdi aceptó todas las convenciones del género de la gran ópera francesa, el éxito no fue tan resonante como él esperaba. Iban a tener que pasar muchos, muchísimos años, antes de que “Don Carlos” pasara a formar parte del repertorio habitual de los teatros.

En aquella época, Verdi recibió un encargo muy curioso por exótico. Se le proponía componer una ópera para un teatro de ópera en El Cairo. La idea era celebrar la apertura del Canal de Suez, y debía ser una ópera muy espectacular, digna de ser estrenada en un día tan importante.

Verdi se puso manos a la obra. Urgió al libretista Antonio Ghislanzoni a que escribiese el libreto con rapidez, y él también hizo lo propio con la música. Sin embargo, la ópera no llegó a tiempo. En 1869, en lugar del estreno prometido, se representó durante los actos de celebración el “Rigoletto” del propio Verdi, que se había estrenado diecisiete años antes.
Hubo otro factor que retrasó el estreno de la ópera. En 1870, los decorados estaban ya preparados, y toda la música y el libreto estaban terminados. Sin embargo, los decorados estaban encerrados en París: la Guerra Francoprusiana hizo imposible sacarlos de la capital francesa durante aquel año, y sólo al año siguiente se pudo hacer.
La obra se estrenó el 24 de Diciembre de 1871, en el Teatro de la Ópera de El Cairo, que había encargado la obra. Fue un gran éxito desde el principio, acrecentado más si cabe con las sucesivas presentaciones de la obra en Italia. Hoy es una de las óperas más queridas del público, por la espectacularidad de sus grandes escenas de masas y también por el exotismo de las escenas más íntimas. La acción, como se ve, se desarrolla en el antiguo Egipto.

Sinopsis argumental

Acto primero

Tras un breve preludio, la escena muestra el palacio real de la corte en Menfis. El sumo sacerdote Ramfis y el capitán Radamés hablan brevemente en escena. El ejército etíope ha invadido el país de Egipto, y la diosa Isis ha elegido ya al general encargado de guiar a los egipcios en la batalla. Tras la marcha del sacerdote, Radamés expresa su esperanza de ser el militar elegido, puesto que quiere conseguir la victoria para poder liberar a Aída, una esclava etíope a la que ama.
Al terminar el aria, entra en escena Amneris, la hija del Faraón. Amneris está también enamorada de Radamés, a quien encuentra bastante nervioso. Él se justifica, diciendo que espera el nombre del general elegido para la batalla, pero entonces entra Aída en escena. La esclava no puede disimular su emoción al ver a Radamés, y Amneris empieza a tener celos de ella y empieza a alimentar sed de venganza.
En esto, entran en escena Ramfis, el Faraón, un mensajero y los sacerdotes. El mensajero trae noticias terribles: el ejército etíope ha entrado en suelo egipcio, sembrando el terror y la muerte. Lo conduce un guerrero indomable: Amonasro, rey de Etiopía y padre de Aída. Ramfis anuncia que es Radamés el encargado de guiar a los ejércitos egipcios en la batalla. Todos le desean suerte y desean que regrese vencedor, incluida Aída. Se marchan todos menos ella, y en una agitada aria la princesa etíope descubre sus sentimientos contradictorios: por una parte, no quiere ver a su pueblo derrotado, pero por otra, está enamorada del general enemigo.
Cambia luego la escena y muestra el interior del templo de Vulcano, en Menfis. Los sumos sacerdotes y las sacerdotisas entonan plegarias al dios Ptah. Radamés es introducido y se le confían las armas sagradas. En una atmósfera casi religiosa se cierra el primer acto de la obra.

Acto segundo

La escena muestra el interior de los aposentos de Amneris en el palacio real. La victoria ha sonreído al ejército egipcio, y la hija del Faraón se está preparando para la fiesta. Aída entra en escena, y Amneris la recibe con falsa cordialidad. Dice compadecerse del pueblo etíope, y le miente diciéndole que la suerte ha sido adversa también para Egipto, puesto que Radamés ha muerto. Aída se estremece, lo cual da la pista definitiva a Amneris, que ahora tiene ya la certeza de que Aída y Radamés se aman. En consecuencia, después de contar la verdad, Amneris le advierte también a Aída de que también ella ama a Radamés, y que la verdadera condición de Aída es la esclavitud. La princesa etíope, aunque en un principio intenta afirmarse como tal, no puede ante la fuerza de los argumentos de Amneris.
Cambia la escena, para mostrar el exterior del palacio. Las tropas egipcias desfilan, durante las celebraciones de la victoria. El pueblo aclama a los guerreros, mientras los sacerdotes agradecen a los dioses por haberles favorecido en la lucha. Durante una escena de ballet, se traen los objetos robados a los etíopes. El Faraón concede a Radamés la gracia de que lo que él ordene durante el día se cumplirá.
A orden de Radamés, desfilan los esclavos etíopes. De entre ellos se adelanta Amonasro, el rey, que sin revelar su identidad pide la libertad para los etíopes cautivos. Radamés pide que sean liberados los etíopes, pero aunque el pueblo egipcio le respalda, Amneris y los sacerdotes egipcios, (por distintas razones), se oponen a esa decisión. Finalmente, el faraón acepta liberar a los etíopes, excluyendo a Amonasro y Aída que, por pertenecer a la familia real, se quedarán en Egipto como garantía de paz. Además, el Faraón anuncia su decisión de que Radamés se casará con su hija Amneris.
Sigue un concertante en el que Aída expresa su desesperación, Amonasro su sed de venganza, Amneris su alegría por haber conseguido casarse con Radamés y los sacerdotes y el pueblo su satisfacción por la derrota de los etíopes.

Acto tercero

Tras un breve preludio, la escena muestra una idílica noche a orillas del Nilo. En primer lugar, aparece en escena Amneris que, acompañada por Ramfis, acude al templo de Isis para velar y orar por la bendición de la diosa en vísperas de su boda con Radamés. A continuación, se muestra Aída, que había escuchado oculta anteriormente, y canta un aria en la que lamenta la suerte de su patria.
Al terminar, se muestra Amonasro, el rey, que sigue alimentando su sed de venganza contra Egipto. Tras imprecar a Aída por no defender los intereses de su país, empieza a hacer un plan para obligar a Radamés a traicionar a los egipcios. Aída le propondrá huir y el general egipcio, antes o después, le dirá dónde se esconden las tropas egipcias, que así Amonasro espera poder derrotar fácilmente.
Amonasro se oculta nuevamente y entra en escena Radamés, que acudía también al templo de Isis para su boda con Amneris. Se encuentra con Aída, y los dos se vuelven a declarar su amor. Siguiendo el plan previsto por Amonasro, Aída le pide a Radamés que huya con ella, y le pregunta por dónde pueden salir del país. Radamés, confiado, le dice a Aída que el ejército egipcio espera en las gargantas del Yápata.
Una vez Radamés ha revelado el secreto, Amonasro sale de su escondite, y se da a conocer. Radamés se muestra confuso, puesto que acaba de revelar un secreto de Estado. Dentro del templo, Amneris, que ha oído todo, delata a Radamés. El general egipcio evita que Amonasro mate a Amneris y se entrega a los sacerdotes. Tanto Amonasro como Aída logran escapar.

Acto cuarto

La escena muestra una habitación en el palacio real. Amneris se lamenta de la suerte que va a correr Radamés, ahora acusado por los sacerdotes de alta traición. Llama a su presencia al general, y le pide que se disculpe por el crimen cometido: de esa forma, podrá seguir su vida tranquilo con ella. Sin embargo, el general no se deja convencer. En el juicio, al que asistimos, Radamés es acusado tres veces de alta traición y tres veces el general guarda silencio. Por tanto, puesto que Radamés no se disculpa por su crimen, la sentencia está dictada: el general será enterrado vivo en el templo de Vulcano. Amneris lamenta la crueldad de los sacerdotes y se lamenta de haber entregado a Radamés a sus acusaciones.
Cambia la escena y se nos muestra el templo de Vulcano. Radamés es introducido vivo en la tumba, en donde el general espera su muerte. Sin embargo, se encuentra allí de forma imprevista con Aída, que suponiendo la suerte que le esperaba al general, decidió secretamente entrar en la fosa para morir con él. Así, la ópera se cierra con un magnífico dúo de amor, en el que los dos amantes se despiden de la tierra y ensalzan su amor para toda la eternidad, mientras Amneris ora en el templo por el descanso eterno de Radamés.

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Una respuesta a Proyección de “Aída” de Giuseppe Verdi en Baluarte

  1. cari chacon dijo:

    gracias Xabier por alimentarme en música, que soy casi analfabeta. gracias por todo y un fuerte abrazo. cari

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