El primer concierto de la temporada.La vuelta a clase y el Schubert “a la moderna”

Viernes, 10 de Septiembre de 2010. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Marie-Pierre Langlamet, arpa. Orquesta Sinfónica de Navarra. Juanjo Mena, director. Joseph Haydn: “Sinfonía número 85 en Si bemol mayor, (La reina de Francia)”. Alberto Ginastera: “Concierto para arpa y orquesta”. Franz Peter Schubert: “Sinfonía número 8 en Do mayor, D. 944 (Grande)”. Primer concierto de la temporada de la Orquesta Sinfónica de Navarra 20102011.

En los últimos años, la universidad ha estado de actualidad. Se ha hablado de ella especialmente por la llegada de un plan de enseñanza que va a revolucionar la forma de dar clase en España. El Plan Bolonia, en principio destinado a lograr una mayor integración de los sistemas universitarios de la Unión Europea, ha desembarcado en España. Más valoración del esfuerzo personal al margen de la clase, un mayor énfasis en la búsqueda de información, una evaluación más continua son algunas de las principales novedades que el Plan trae. Sin embargo, otra novedad importante que a los estudiantes este año no nos ha hecho demasiada ilusión, es el tener que empezar con las clases en Septiembre. Como yo terminé las mías a finales de Julio en Paderborn, imagine el lector el estado de ánimo con el que he empezado el curso.
En todo caso, nuestra orquesta no tiene ese tipo de problemas. Ya hace varios años que se adelantó a este comienzo temprano del curso, y lleva varios años empezando su temporada una semana antes del concurso de turno en nuestra ciudad, (recuerde el lector: este año toca canto, pero eso ya llegará la semana que viene). Y este año, empezaba el curso con la llegada de un profesor invitado.
Nuestro profesor titular, Ernest Martínez-Izquierdo, ha preferido dejar la primera lección este año a Juanjo Mena, flamante titular de la Orquesta Filarmónica de la BBC, (para entendernos, la orquesta con sede en Manchester, Manchester). Como nadie es profeta en su tierra, Mena no es una excepción, y después de unos años de callado trabajo en Bilbao, está haciendo una carrera internacional brillante. Así que cuando me disponía a entrar en Baluarte, recordando los dos primeros versos del segundo acto de “Tannhäuser”, (“Dich teure Halle grüsse ich wieder”, que quiere decir “Sala querida, te saludo nuevamente”), me dispuse a escuchar.
Para empezar, una obra estupenda para abrir un curso. Las sinfonías de Haydn se prestan a ello, por académicas y por fáciles de escuchar. Pero es que en contra de lo que algunos historicistas parecen creer, (en ese sentido me recuerdan a los viejos profesores gruñones), sí es cierto que Haydn también puede ser muy divertido, como hoy ha demostrado con creces Juanjo Mena. El primer movimiento, aunque bien tocado, sirvió para calentar motores. En el segundo, uno de esos típicos temas con variaciones haydnianos, Mena dio un recital de cómo manejar los contrastes en estas obras, haciendo gala de un sentido del humor admirable. El Minueto, exactamente a la velocidad adecuada, aún nos reservó una pequeña sorpresa al destacar el carácter ländlerístico del trío central. El final, a veces tendiendo a la precipitación, sonó no obstante brillante. En resumen: Mena se sabe la lección en materia haydniana, y la sabe explicar a los demás. Al final, nadie tiene dudas y la clase puede seguir.Y entonces entró la asistente. Es que para tocar el concierto para arpa de Ginastera hacía falta la presencia de la solista. Marie-Pierre Langlamet, desde luego, dejó ayer claro por qué es una de las arpistas más cotizadas del mundo. Escuchándole desde cerca, el sonido de su arpa resulta muy seductor, y está lleno de claroscuros. Además, el concierto le ayuda a la hora de mostrar los registros del instrumento y el profesor Mena le acompañó con total pulcritud. Por otra parte, se notó que los miembros de la orquesta se lo estaban pasando estupendamente, sobre todo los percusionistas. Los movimientos extremos tuvieron el aire adecuado, con sus juegos rítmicos, y en el central se logró la tensión y pesantez debida. Como el éxito de la versión, (como es natural, por otra parte) fue mayúsculo, Langlamet tuvo que dar una propina, que yo no llegué a reconocer. Ciertamente, el sonido del arpa se perdía en la inmensidad de Baluarte, pero siguió siendo un placer escuchar a una solista de arpa de semejante magnitud.

El Schubert alternativoY por fin, llegó la parte fundamental de la lección. Juanjo Mena se dispuso a reenseñarnos otra vez la “Octava sinfonía” de Schubert, (“Novena” para los autores del programa y para los aficionados tradicionales españoles, “Octava” para la musicología alemana). El caso es que aquí el profesor Mena hizo un trabajo interesante, coherente pero en el que yo, como alumno, sí tengo alguna duda.
El Schubert que planteó el profesor Mena fue el que se hace hoy día. Cierto que no fue tan radical como Menuhin o Harnoncourt, en el sentido de que al menos no echó a correr en toda la obra. El primer movimiento, quizá lo más discutible del conjunto, resultó bastante ilustrativo. La introducción se llevó a tiempo moderado tirando a rápido, sin grandilocuencia ni monumentalidad. Nada que ver con un Bruno Walter o con un Furtwängler. En esa honda siguió todo el primer tiempo, hasta llegar al Accelerando del final de la reexposición que fue bastante marcado. La coda resultó brillante, pero yo habría preferido una conclusión de movimiento más majestuosa y monumental.
El segundo movimiento resultó, como debe ser, un Andante con moto. Desde luego, el movimiento caminaba, y caminaba a tempo implacable. La tradición (y mi gusto personal) me habría señalado algún lugar de reposo que el profesor Mena no acentuó, pero sí tuvo la virtud de que, una vez llegado el clímax, éste resultó más sobrecogedor, y la retención posterior del tempo resultó más contrastante. No apto para tradicionalistas, sino sólo para los capaces de pensar de otra manera.
Los dos movimientos siguientes, ya más convencionales, estuvieron bien. Como son los movimientos más académicos, aquí no hay tanta diferencia entre enfoques antiguos y modernos. Simplemente hay que hacer notar la gran transparencia orquestal en todo momento, (ya había habido avisos de ello en Haydn). Al igual que la mayoría de sus colegas, Mena no realizó regulador alguno en el último acorde, (aunque está escrito en la partitura).
Al final de la interpretación, tengo que reconocer que no me sentí especialmente identificado con esta manera de hacer Schubert. Reconozco que, sobre todo en el primer movimiento, me habría gustado un Schubert más a lo grande. Pero la visión doctoral del profesor Mena resultó coherente y fácil de seguir… Bueno, y algo no menos importante: cosechó un éxito importante, que de no ser porque ésta es la orquesta titular del ciclo, le habría obligado a dar propina.
En conjunto, el profesor Mena al parecer también se ha metido en la estrategia del plan Bolonia. Nos ha obligado a olvidarnos de lo que creíamos saber, (sobre todo en Schubert), y nos ha querido hacer ver las obras con otros ojos. En tres semanas, veremos la primera actuación del profesor titular, Ernest Martínez Izquierdo… Pero entre medio tenemos que reunir a la corporación de maestros cantores para ver si, este año sí, podemos incorporar a algún miembro más a la corporación.
Todo ello ya lo contaré la semana próxima.

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