Prueba final del Concurso Internacional de Canto “Julián Gayarre” 2010.

Los maestros cantores de Pamplona

Viernes, 17 de Septiembre de 2010. Teatro Gayarre de Pamplona. Gabriela Istoc, María Elena Sancho Pereg, Tatiana Trenogina, María Eugenia Boix Labrador, Jessica Rose Cambio y Hiekyung Choi, sopranos. Juan Sancho Martínez de Carvajal y Julien Dran, tenor. Isaac Galán Peiró, barítono. Orquesta Sinfónica de Navarra. Jose Ramón Tébar, director. Arias y escenas de “Las bodas de Fígaro” de Mozart, “El barbero de Sevilla” y “La italiana en Argel” de Rossini, “El cazador furtivo” de Weber, “La sonámbula” de Bellini, “La hija del regimiento”, “Lucía de Lamermour” y “Don Pasquale” de Donizzeti, “La Traviata” de Verdi y “La Bohéme” y “Turandot” de Puccini. Prueba final del Concurso Internacional de Canto “Julián Gayarre” 2010.

En los siglos XV y XVI, florecieron en algunas ciudades alemanas una serie de gremios cerrados que realizaban una intensa actividad musical. Los así llamados maestros cantores quisieron resucitar el antiguo arte de canto de los “minnesänger”, los equivalentes alemanes de lo que podrían ser los trovadores y los troveros en Francia. Su fortuna fue bastante desigual, especialmente porque las reglas que regían sus composiciones hacían que éstas fuesen muy artificiosas. Richard Wagner, en su ópera “Los maestros cantores de Nürenberg”, parodia muy acertadamente el funcionamiento de estas particulares asociaciones. Así, se entiende que esa desnaturalización del arte y ese continuo fiar solamente en reglas establecidas hacía que la valoración de los méritos de una canción fuese facultad exclusiva de unos pocos entendidos, y que la emoción y el verdadero sentido poético quedaran apartados.
Hoy por hoy, gracias a Dios, cada vez más personas pueden acercarse al mundo de la música clásica en general y la ópera en particular, y valorar sin más restricciones lo que un cantante es capaz de hacer sobre un escenario. Los entendidos valoran según su conocimiento técnico, por supuesto muy respetable y muy interesante, pero también el pueblo llano tiene derecho a opinar. O por lo menos así lo creía yo.
Digo esto porque el martes estuve en la última sesión de las pruebas eliminatorias del concurso. Para estupor general, se nos pidió al comienzo de la sesión no aplaudir a los participantes ni antes ni después de su actuación. Es, a mi parecer, a todas luces una decisión injusta. Injusta con el público, porque parece que quiere acallarse la opinión del pueblo sobre los participantes, no dándole oportunidad a premiar sus actuaciones. Y, sobre todo, es injusta con los propios concursantes, que tienen que enfrentarse a un clima enrarecido que a mí, sufrido estudiante de música, me recuerda en exceso a mis exámenes de instrumento con tribunal. Francamente, creo que es necesario reflexionar sobre este tipo de aspectos, que sólo alejan al público de la actividad musical.

Por otra parte, quería hacer una breve mención a un cantante que, a mi parecer, debió haber pasado a la final: Ángel Sergio Escobar es un tenor spinto español, de voz especialmente pastosa, de éstas que ya prácticamente no quedan. Ciertamente no es un cantante exquisito, ni nos ofrecerá los grandes pianissimi que podemos esperar de otros. En esto recuerda, por ejemplo, a un Plácido Domingo. Su técnica vocal no es especialmente ortodoxa, como lo muestran sus agudos poco conseguidos. Pero al fin y a la postre, logra emocionar, y matiza los textos como nadie. En la segunda prueba cantó un aria de la flor de “Carmen” de forma extraordinaria, absolutamente metido en el papel, dando la imagen de un Don José especialmente juvenil y apasionado como muy pocos. La desesperación del soldado navarro en este punto de la ópera estaba magníficamente lograda… Y yo, personalmente, le perdoné con mucho gusto las imperfecciones vocales que, después de todo, al igual que los otros concursantes, tiene tiempo para pulir.
Pero puesto que él no llegó a competir en la final, pasemos a hablar sobre lo que ha ocurrido esta tarde en el Gayarre.

La final
Por seguir un cierto orden, empecemos por el apartado femenino. La final se ha abierto hoy con la actuación de Gabriela Istoc. La soprano rumana tiene un material vocal muy interesante, que ella sabe utilizar con bastante gusto. Ha empezado hoy con el aria de Liú en el acto tercero de “Turandot” de Puccini, que ha cantado con gusto exquisito y con la matización requerida…, sólo que a veces ha recurrido a algunos trucos de la primitiva escuela verista, (algunos sollozos, por ejemplo), que han deslucido su interpretación. Luego ha cantado un aria de “El cazador furtivo” de Weber, matizando magníficamente en el recitativo y cantando con finura en los pasajes spianato…, ¡y además no se ha arredrado ante las coloraturas!
María Elena Sancho Pereg ha hecho quizá la actuación más redonda de todas. En primer lugar, se ha deshecho de la terrible escena de “La sonámbula”, e incluso en la cabaleta se ha permitido el “más difícil todavía” con ornamentaciones complicadísimas, que ella ha sabido resolver con bastante brillantez. El aria de “Don Pasquale” no ha resultado tan efectiva, porque faltaba algo de soltura y sentido del humor… Pero claro, hay que reconocer que venía de un esfuerzo vocal tremendo y, como digo, tal vez ha sido en conjunto la más regular.
Al igual que Istoc, la soprano rusa Tatiana Trenogina ha empezado con el aria de Liú en el tercer acto de “Turandot”. La rusa no ha caído en los mismos errores que la Istoc, pero a cambio ha tenido otros. Está muy claro que los agudos de la Trenogina son poderosos, y la voz tiene un metal indudable, pero me temo que el personaje de Liú no es el más adecuado para mostrárnoslos. Como tampoco lo es la inocente Margarita en el “Fausto” de Gounod, o al menos tal cual se nos presenta en ese momento en la ópera. Por lo demás, no se puede decir que haya cantado mal, pero…
María Eugenia Boix Labrador, estando relativamente bien, no ha cuajado porque le ha faltado seguridad. Es verdad que se enfrentaba a dos auténticos colosos, pero al contrario que Sancho Pereg, no ha querido arriesgar en los adornos de las cabaletas. Ha hecho una interpretación muy digna, por supuesto, pero por ejemplo la forma de decir en el recitativo de “Ah, non credea mirarti”, no es comparable a la de Istoc o la misma Sancho Pereg, porque resultaba bastante cansina, (es verdad que lo de “la sonámbula” es por algo, pero no se puede cantar así todo el pasaje). Todo esto dejando al margen la pequeña anécdota de la que luego se hablará.
Jessica Rose Cambio tenía, a no dudarlo, un grupo muy animoso de aficionados, que han hecho muy bien su labor de animadores. Ciertamente, eso ha sido necesario: los agudos de Rose Cambio tenían un vibrato bastante inquietante, y al final del “Sempre libera” estábamos todos con el corazón en un puño, esperando que lograra salvarlo dignamente. La soprano surcoreana Hyekyung Choilo ha hecho algo mejor, pero le ha faltado expresividad en el decir.
Esto por lo que se refiere a las voces femeninas. El panorama masculino no es gran cosa en comparación con otros años no recientes. Por una parte, tenemos a un tenor español, Juan Sancho Martínez de Carvajal, que canta con gusto exquisito y con gran expresividad…, pero ¡ay!, los agudos de la escena de “La hija del regimiento” no han acabado de salir todo lo limpios que debían. Al francés Julien Dran le pasa exactamente lo contrario: no es un portento precisamente de lirismo, (ha hecho una versión de “Una furtiva lacrima” más bien discreta), pero en esa misma escena de los nueve does “de pecho” sí ha estado excepcional, llevándose un sonoro triunfo.
Queda aún el barítono, asimismo español, Isaac Galán Peiró. Cantaba padeciendo una “afección vocal”, según fuimos informados al comienzo de la final. Sin embargo, Galán Peiró ha sabido sobreponerse y usarla con inteligencia. Ha hecho una versión magnífica del “Largo ad factótum”, comparable a cualquier otro cantante que el lector tenga en mente. Sin embargo, en el aria de “Las bodas de Fígaro” sí ha estado algo más apurado… quizá le habría ayudado cantar primero el Mozart, (¿o tal vez no?).

¿Qué hacer, entonces, ante este panorama? Puestos a dar todos los premios, yo concedería el primer premio femenino a Sancho Pereg y el segundo a Istoc. Por otra parte, en el apartado masculino me resulta difícil conceder un primer premio. ¿Quizá a Martínez de Carbajal? Puede ser, pero no lo veo claro. Él y Galán Peiró estarían muy igualados. Quizá yo me quedaría con este orden…, y el propio Martínez de Carvajal podría tener el premio al mejor tenor.
No obstante, la pregunta que ahora procede es: ¿va a conceder el jurado todos los premios? La respuesta es clara como el agua: no. Creo que los primeros premios no se van a conceder, porque nadie destaca con suficiente claridad como para darlos de forma unívoca. A partir de aquí, creo que mis predicciones pueden seguir siendo válidas, haciendo caer un escalón a los distintos competidores y contando con que el premio a un tenor tampoco se dará…, pero no sería la primera vez que me llevo sorpresas.

El acompañamiento orquestal ha sido impecable a lo largo de toda la final. Jose Ramón Tébar ha mostrado solamente un signo de impaciencia que va a ser la anécdota de la final: cuando Boix Labrador estaba terminando la cadenza de la cabaleta de “Ah, non credea mirarti”, ha arrancado de pronto Tébar con la coda, para estupor de todos… Bueno, un ataque de impaciencia lo tiene cualquiera.
Mañana salimos de dudas y sigo contando lo que ocurre… Y además tendremos un concierto interesante con la Toledano con papel destacado… A ver si podemos unir a alguien más al gremio de maestros cantores.

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