Entrega de premios y gala lírica final del Concurso Internacional de Canto “Julián Gayarre” de Pamplona 2010.

¿El triunfo de la técnica?

Sábado, 18 de Septiembre de 2010. Teatro Gayarre de Pamplona. María Elena Sancho Pereg y Jiekyung Choi, sopranos. Julien Dran, tenor. Thomas Slavitsky, barítono. Orquesta Sinfónica de Navarra. Jose Ramón Tébar, director. Fragmentos de las óperas “Norma” y “La sonámbula” de Bellini, “Lucía de Lamermour”, “Don Pasquale” y “La hija del regimiento” de Donizzeti, “La Bohéme” de Puccini y “Boris Godunov” de Mussorgsky. Entrega de premios y gala lírica final del Concurso Internacional de Canto “Julián Gayarre” de Pamplona 2010.

Los concursos suelen ser propicios a los desencuentros, y más aún tratándose de concursos musicales y artísticos. Yo confieso que, en general, no suelo coincidir con las decisiones de los jurados de los concursos de los que soy testigo. A veces, surge entonces la pregunta: ¿qué es lo que realmente valoran los jurados de los concursos?
La presidenta del Jurado, Teresa Berganza, dio ayer en su discurso algunas claves. “Nosotros no valoramos sólo la voz; también valoramos la técnica y la interpretación. En suma, valoramos al artista”. Ciertamente, es verdad que ni la interpretación ni la voz se han dejado de lado en la decisión, pero creo que ayer primó la técnica sobre todo…, o al menos eso parecía a tenor de lo que se había escuchado el día anterior, como luego se verá.
Ya conocíamos alguno de los premios.
En primer lugar, hay que destacar la concesión de bolsas de estudios a Nerea Berraondo y Miriam Zubieta, alumnas del Conservatorio Superior de Música de Navarra, que tuvieron actuaciones destacadas en la primera prueba eliminatoria. Ciertamente, deben estar muy satisfechas por ello.

Por otra parte, conocíamos también incluso antes de la final los premios al mejor cantante de zarzuela y al de mejor cantante de oratorio y lied. En ninguno de los dos premios hay nada que objetar. Isaac Galán Peiró había cantado en la segunda prueba eliminatoria una “La aldea” de “Los gavilanes” de Jacinto Guerrero de forma admirable, con su característica voz tronante, que aquel día sí estuvo en su máximo esplendor. Juan Sancho Martínez de Carbajal, por su exquisito fraseo, se ajusta a las características necesarias para los repertorios del oratorio y el lied. Insisto: hasta aquí, nada que objetar.

En general, creo que las actuaciones y contratos fueron bien repartidas. Todos los cantantes que, de alguna manera, destacaron y luego obtuvieron algún tipo de distinción también se fueron con alguna actuación del Concurso. Como también eché de menos entre los premios oficiales, Gabriela Istoc se marchó con las manos vacías, pero en todo caso la decisión era consecuente con lo que luego se relatará.

Teresa Berganza concedió su premio a Tatiana Trenogina. Reconozco que al principio me quedé un poco perplejo al conocerse la decisión, pero también es verdad que la soprano rusa tiene un material vocal importante y una técnica también bien lograda. Si ella trabaja algo más la caracterización de los personajes, pueden lograrse buenos resultados. Otra cosa es que de nuevo la rumana Gabriela Istoc, que creo que lo hizo el viernes mejor que la rusa, podía haber sido una buena candidata. Istoc tiene más musicalidad que la rusa y tampoco tiene defectos técnicos importantes que pulir…, y no se ha llevado nada. Bueno, esta es mi opinión.

Después, vino la segunda sorpresa de la noche: el segundo premio masculino se quedaba desierto. No creo que sea la decisión más justa: creo que entre el cantante que obtuvo el primer premio y los demás no había distancia suficiente como para no haber concedido un segundo premio. Cualquiera de los otros dos finalistas masculinos lo habría merecido.
Porque el primer premio masculino fue concedido al tenor francés Julien Dran. En las pruebas anteriores, se había mostrado como un tenor técnicamente perfecto, con ataques al agudo prácticamente impecables, pero falto de efusión lírica. No se trata de que hubiese cantado “Un aura amorosa” del “Cosí” mozartiano con fraseo ultrarromántico, pero hay puntos intermedios que todos tenemos en mente y de los que Dran puede tomar ejemplo. Es joven, tiene carrera por delante y desde aquí le deseamos lo mejor. Pero insisto: tal vez yo le habría dado, en el caso de suponerle el mejor, el segundo premio, habida cuenta de lo que se ha ido premiando (y sobre todo no premiando) en los últimos años.

La decisión en el apartado femenino era, a priori, aún más discutible. Aun así, he de sentirme satisfecho: en la edición anterior del concurso, mi finalista favorita se fue con las manos vacías, y esta vez al menos se ha llevado un segundo premio. La verdad es que yo sigo manteniendo que María Elena Sancho Pereg debería haber sido la ganadora, (más teniendo en cuenta a quién le dieron el primer premio), pero mi criterio a este respecto puede ser discutible.

Y el primer premio fue a parar a Jiekyung Choi, a decir de un espectador de la final “lo mejor que se ha escuchado en todas las ediciones del concurso”. De nuevo, había que reconocer que la técnica de canto era absolutamente magistral, y que la surcoreana había cantado el día anterior sus dos arias con mucho gusto y fue la cantante de emisión más pura…, pero la interpretación del aria de “La Bohéme” de Puccini me había parecido tan contenida como la del aria de “Las bodas de Fígaro”… Sé que es difícil encontrar el punto exacto a Mimí, y creo que ninguna de las dos cantantes que interpretaron esa aria en la final lo había logrado.

Todo esto era lo que yo estaba pensando durante el intermedio. Mas fuimos notificados de que Auxiliadora Toledano no iba a intervenir en la gala posterior, y en su lugar iban a cantar los concursantes premiados…, y entonces vino una cierta revolución.

Apartada la tensión del concurso, todos los cantantes cantaron a su mejor nivel, y disfrutamos de un concierto excelente. La soprano María Elena Sancho Pereg hizo la escena de “Don Pasquale” con mucho más sentido del humor que la víspera y me dio un nuevo argumento para haberle concedido el primer premio…, aunque ya era tarde; la surcoreana Jiekyung Choi logró emocionar, esta vez sí, con el aria de “La Bohéme”, de Puccini, y Julien Dran volvió a exhibirse con los agudos, incluso más que el día anterior (¿qué sería de la ópera belcantista sin los agudos?). ¡Quién sabe si incluso habría sido capaz Dran de hacer un “Una furtiva lacrima” con más lirismo y expresividad que en la final! Reconozco que me quedé con las ganas de haberlo oído.

Entre medio, en la gala pudimos reencontrarnos con el arte del barítono Thomas Slavitsky, que compitió en el concurso en una edición especialmente brillante desde todos los puntos de vista. La verdad, el repertorio italiano no es el más propicio para él, porque no maneja bien su densa voz en el estilo belcantista; se echa de menos algo más de fraseo, propiamente dicho. La escena de “Boris Godunov”, sin embargo, sí le quedó mejor que en la final de hace seis años, (en algo se tenía que notar el paso del tiempo), en lo que respecta a la caracterización del personaje.

Sin sobresaltos, también Tébar realizó una gran actuación, empezando por una obertura de “Norma” magnífica. Esta vez no mostró tanta impaciencia como en la final, y ni Sancho Pereg ni Dran tuvieron que lamentar que Tébar no les dejara terminarse de adornar a su gusto.

Y así termina esta edición del Gayarre, con su dosis de polémica de todos los años…, pero ¿qué sería del arte el día que todos nos pongamos de acuerdo?

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