La Orquesta Filarmónica de Londres con Vladimir Jurovski en Pamplona

¡Viva la experimentación!

Martes, 2 de Noviembre de 2010. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Leif Ove Andsnes, piano. Orquesta Filarmónica de Londres. Vladimir Jurovski, director. Johannes Brahms: “Concierto para piano y orquesta número 2 en Si bemol mayor, Op. 83”. Ludwig van Beethoven: “Sinfonía número 3 en Mi bemol mayor, Op. 55, (Heroica)” (con retoques instrumentales debidos a Gustav Mahler). Temporada de abono de la Sociedad Filarmónica de Pamplona 2010-2011.

En ocasiones, se ha afirmado que los conciertos sinfónicos están en crisis. La edad de los asistentes ha aumentado considerablemente, y la música se ha apolillado, convirtiendo los grandes clásicos en piezas de museo. El repertorio convencional se reduce muchas veces a unos pocos autores que, por una u otra razón, se hacen populares. Los aniversarios han marcado en los últimos años las programaciones de todos los teatros, y si el protagonista es un compositor importante, se acaban escuchando siempre las mismas obras. Cuando hace unos años se cumplió el aniversario de Hector Berlioz, la “Sinfonía fantástica” se oía en todas partes; como el año pasado era el centenario de Albéniz, había que programar la “Iberia”; como este año es el aniversario mahleriano, por supuesto, no debe faltar alguna de sus sinfonías. Estando, como de hecho estoy, a favor de que nos acordemos de los aniversarios importantes, no está de más que alguien busque nuevas alternativas, fuera de lo ya conocido, y aporte algo más de frescura al panorama concertístico.

Vladimir Jurovski puede ser un director importante que ayude a cambiar en parte esta situación. No le había escuchado dirigir hasta ahora al director ruso, salvo un fragmento de la obertura de “La flauta mágica” en una retransmisión desde Glyndebourne con una conocida orquesta historicista. Pero el benéfico Norman Lebrecht, siempre a la caza de futuras promesas, ya me había puesto sobre la pista.

Jurovski es un director ruso de origen, procedente de una familia con tradición musical. Sus padres iniciaron en la Unión Soviética el movimiento historicista en condiciones clandestinas, y Vladimir sin duda ha heredado esa tradición. Ha trabajado en muchas ocasiones con formaciones historicistas, y con una de ellas escenificó en Glyndebourne “La Pasión según San Mateo” de Bach, una gran revolución general en la época a la que recientemente se ha apuntado Simon Ratle, (con grandes resultados musicales, por otra parte). Pero también se ha dado el gusto de interpretar música barroca con instrumentos modernos, con un enfoque claramente distinto. Su concepción de la música es plural, y no quiere cerrarse ninguna puerta en lo interpretativo. Características todas ellas que le honran, y que le diferencian en gran medida de muchos de los directores más talentosos que pueda haber hoy.

Los libros de Historia de la Música suelen enfatizar que la música de Brahms es esencialmente otoñal y melancólica. Sin embargo, el “Concierto para piano número 2” que abrió el concierto no tuvo demasiado de esa otoñalidad. Al contrario: la visión que Jurovski y Andsnes propusieron del concierto fue una versión fresca, juvenil y pasional. Nada más terminar la introducción, Jurovski emprendió una galopada por todo el primer movimiento. Cuando hacía falta lirismo, Andsnes se encargaba de ello, y todo ese gigantesco Allegro, (en otras manos tan aburrido), fue interpretado con toda su intensidad.
El Scherzo fue probablemente lo mejor de toda la primera parte, porque es donde mejor funciona la visión juvenil que le imprimieron Andsnes y Jurovski. Las secciones extremas fueron todo fuego, y sonaron con pasión encendida. El trío central, (¡qué sorpresa!), tuvo el aire festivo y popular que debe tener, y que tantas veces se pierde por falta de comprensión por los directores. Por cierto, en esa sección Jurovski se permitió unos ritardandos de gran efecto expresivo.
El tercer movimiento quizá fue lo menos convincente, no por la prestación de la primera violonchelista, (que hizo un trabajo excelente), sino debido a la concepción general del tiempo y del fraseo. Frente a la pasión derrochada en los dos primeros movimientos, el tercero sonó a tiempo moderado y con fraseo sereno, muy contenido. La atmósfera dramática de la sección central apareció, como debe ser, y el final fue memorable, pero quizá un poquito más de recreación en las melodías no habría estado de más.
El Finale recuperó el optimismo que tenía ya el primer movimiento del concierto, y nos demostró una vez más, (por si había alguna duda), que Andsnes y Jurovski tienen una visión del concierto muy similar, y que supieron articularla de forma magnífica. Los aplausos fueron bastante intensos, pero el pianista noruego no dio propina. Y es que lo mejor estaba aún por llegar.

Hay que ser muy valiente para programar el arreglo mahleriano de la “Heroica” de Beethoven. Es verdad que el aniversario mahleriano parece haber abierto la veda a todo tipo de interpretaciones de sus obras, pero recuperar la olvidada versión que el bohemio realizara de la “Heroica” podía parecer algo excesivo. A Jurovski le habría resultado mucho más cómodo haber interpretado la “Titán”, con la que podría haber tenido un éxito fácil. Al decidirse a dirigir la “Heroica” en versión Mahler, Jurovski se enfrenta con toda la ortodoxia interpretativa actual. No me gustaría imaginar qué habrían dicho al respecto los historicistas clásicos, como Harnoncourt, Norrington, Gardiner o Hogwood. A ninguno de ellos les habría hecho ninguna gracia.

Pero después de todo, ¿qué fue lo que hizo Mahler en esta versión? Esencialmente, hizo tres cosas: la primera, añadir instrumentos de viento no previstos para esta obra, como el flautín; la segunda, doblar todos los vientos previstos por Beethoven; la tercera, y quizá más importante, reescribir algunas partes muy concretas del original, pero con bastante fidelidad al texto. Hay descubrimientos tímbricos reveladores, y también momentos en donde Mahler reduce la orquestación original, que se vuelve más clara.

¿Y el resultado? ¿Suena el resultado a Beethoven? Bien, la respuesta ha de ser forzosamente “sí y no”. Sí, si se tiene en mente la forma de hacer Beethoven de Furtwängler o Klemperer, y no, si pensamos en el Beethoven que se hace hoy en día. Hay dos momentos en los que parece claro que Mahler se extralimita en su arreglo y la orquestación es puramente propia: el primero es el clímax del fugato de la marcha fúnebre; el segundo, es el clímax previo a la coda del Finale, una auténtica descarga de metalurgia y timbalería.
No es conveniente ponerse a hacer crítica comparativa frente a otras versiones que siguen la edición original, (o sucedáneos, como hacían Klemperer o Furtwängler), ni mucho menos con los historicistas integristas de hoy.
Los recelosos del trabajo de ayer de Jurovski dirán, con razón, que la espectacularidad de la orquestación mahleriana propicia un acercamiento tradicional a la obra que a mí, lo confieso, me gusta más que el acercamiento supuestamente más filológico. Con todo, en manos de otros directores, (pienso en un Karajan, por ejemplo), todo habría sonado superficial y excesivo. No fue el caso de ayer.
Los tres acordes del comienzo establecieron el método a seguir en toda la obra. El tempo fue moderado, pero fluctuante. El segundo tema se introdujo a un tempo mucho más lento del habitual hoy en día, con algunos manierismos que no sonaron muy naturales, (eso hay que buscarlo en Furtwängler o Mengelberg, señor Jurovski). No obstante, el conjunto tenía una fuerza inequívocamente beethoveniana que no siempre se encuentra hoy, y hubo un gran dominio de todos los recursos del movimiento. Las hemiolias, las melodías de timbres, los acentos fuera de tiempo, fueron magistralmente logrados.
La marcha fúnebre fue, sin duda, la mejor que he oído en los últimos (bastantes) años. Puede que la orquestación mahleriana acentuara en parte el patetismo del movimiento, pero el caso es que Jurovski lo supo aprovechar maravillosamente. Con una orquesta gloriosa, llevó el movimiento a tiempo moderado hasta el susodicho pasaje del fugato, en donde dio un verdadero recital de cómo se organiza un fortissimo tremebundo sin ser superficial, (tome nota, Herr Karajan). Al final del movimiento, Jurovski hizo bien en dar tiempo a reponerse al público antes de lo que estaba por venir.
El Scherzo fue magníficamente planteado, como una carga de caballería. No es necesario insistir en que escuchar a las trompas el trío fue una experiencia impresionante. Y finalmente, llegó el Finale, con otro detalle marca de la casa, (¡con cuánta lentitud expuso el tema de la chacona!), y poco a poco hizo avanzar la obra hasta su conclusión natural. Al final, la sensación de catarsis era comparable a la que provoca la audición de las versiones de los Mengelberg, Furtwängler o Klemperer…, en una época en la que yo no esperaba encontrarme con algo semejante.

Queda aún una pregunta: ¿qué habría hecho Jurovski si se hubiese enfrentado al original beethoveniano? No lo sé, francamente. Por las referencias que tengo, Jurovski es un director experimentador, imprevisible, amante de los retos nuevos. Sería muy interesante escucharle no ya una “Heroica”, sino una serie completa de las sinfonías beethovenianas sin trampa ni cartón. Si entonces también fuese capaz de lograr algo parecido, podría considerársele el mejor director beethoveniano vivo con permiso de Barenboim. De momento, nadie nos va a quitar la emoción de lo que escuchamos ayer.

Unas últimas palabras sobre la orquesta. Suele decirse que las orquestas inglesas son muy profesionales, pero hoy la Filarmónica de Londres ha demostrado mucho más. Hace en torno a 20 años, el director titular de la orquesta respondía al nombre de Klaus Tenstedt. Tenstedt era un kapelmeister de gran oficio, especialmente eficaz en Mahler, (de quien ha sido uno de los mejores intérpretes en el último medio siglo), y logró en su época que la Filarmónica de Londres adquiriese el necesario sonido germánico, que tan bien viene a obras como ésta. Jurovski ayer hizo aflorar de nuevo ese “sonido Tenstedt” que yo ya creía olvidado…
Y eso es, sencillamente, glorioso.

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