Mahler con Gergiev y el Orfeón Pamplonés

Gustav Mahler: “Sinfonía número 2 en Do menor, (Resurrección)”.
Orquesta Sinfónica del Teatro Mariinsky de San Petersburgo.
Valery Gergiev.

Eficacia en la urgencia

Viernes, 17 de Diciembre de 2010. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Orfeón Pamplonés. Igor Ijurra, director del coro. Orquesta Sinfónica del Teatro Mariinsky de San Petersburgo. Valery Gergiev, director. Gustav Mahler: “Sinfonía número 2 en Do menor, (Resurrección)”.

Hay momentos en los que, por alguna razón, hay algún episodio en el que llegamos a cometer verdaderas locuras. Se quiso repetir en Pamplona este año el concierto (histórico) en el que el Orfeón Pamplonés cantó en el Carnegie Hall de Nueva York esta misma obra. Pero el maestro Gergiev tenía la agenda llena, (¡qué raro!), y sólo podía dar el concierto ayer. Como ya había ese día un concierto previsto, éste se trasladó a las diez y media. Entre la hora, (intempestiva para el público pamplonés), y el precio de la entrada, el concierto no pareció a muchos especialmente atractivo. La obra tampoco llamaba la atención, y probablemente resultaba aún menos atractiva. La tradición mahleriana en Pamplona es inexistente, porque hasta hace poco la Orquesta Sinfónica de Navarra no tenía el nivel suficiente como para afrontar con garantías las obras del bohemio, y eso hace que para muchos, Mahler siga siendo ese compositor poco familiar, megalómano y superficial que usan los pedantes para hacer como que saben de este arte de la música.

Sobre este concierto tenía algunas dudas. La primera se refería al mismo Gergiev. La “Cuarta sinfonía” que le había escuchado en los Proms de Londres no había resultado especialmente satisfactoria. Las páginas especializadas dicen que el Mahler de Gergiev es superficial, muy espectacular y carente de profundidad. Veremos como resulta su ciclo de sinfonías con la Sinfónica de Londres, (¡grabado en directo durante una sola temporada!).

¿Y el coro? El Orfeón Pamplonés siempre ha sido un coro de máximas garantías en todo lo que ha afrontado. Pero el próximo jueves tiene también una cita importante en Santiago de Compostela, en donde deben cantar la “Misa número 3” de Bruckner. ¿Cuánto tiempo habrían podido mirarse la obra mahleriana? Es cierto que su intervención no es muy larga, pero sí es muy importante, y cantarla con la cabeza en otro asunto no es aconsejable.

Sin embargo, a pesar de todos estos reparos previos, el concierto resultó muy interesante, Gergiev se defendió, la orquesta estuvo excelente, (teniendo en cuenta que no habrá ensayado demasiado la obra), y la catarsis final fue bastante bien lograda.
Ya el primer movimiento anunció cuáles son las características del Mahler de Gergiev. El mahler de Gergiev no es en absoluto cerebral. No tiene nada que ver con el de un Klemperer en el pasado, o con el de un Boulez en el presente. El primer acorde tuvo el tinte dramático necesario. La primera explosión orquestal fue espectacular, pero ¡ay!, el segundo tema sonó quizá demasiado desmayado, demasiado premioso. Durante el resto del movimiento, sin embargo, se mantuvo la tensión necesaria, con algunos accelerandi tendentes al efectismo, (compárese con Klemperer, por ejemplo). Los aires militares fueron magníficamente captados, y el carácter siniestro del movimiento estuvo presente constantemente. Faltó, sin embargo, algo más de intensidad en algunos de los puntos más importantes, algo que resulta curioso tratándose de Gergiev…, y además, un poco más de pausa a veces no habría estado de más. También habría sido de desear que la escala que cierra el movimiento hubiese sido algo más incisiva, pero en conjunto el primer movimiento fue el preludio de las maravillas que vendrían a continuación, en los dos movimientos siguientes.

El vals del segundo movimiento, contra bastantes pronósticos, resultó adecuadísimo en manos de Gergiev. El ruso supo darle el punto dulzón a esta música, y supo realizar los rubatos requeridos. Tal vez debería pensarse la Filarmónica de Viena concederle la dirección en el famoso concierto del 1 de Enero, dadas las circunstancias. El tema contrastante tuvo también la energía y el dramatismo adecuados, y fue un placer inmenso escuchar una sección de cuerdas tan empastada en la sección en pizzicato. Ciertamente, una verdadera delicia todo el movimiento.

El tercer movimiento se abrió con dos golpes secos del timbal. En él, Gergiev demostró que la precisión rítmica es una de sus grandes virtudes. Todo marcado muy exactamente, a tempo movido, y con mordacidad y sentido del humor. Por tomar algún referente, puede compararse con la mordacidad de Bernstein en su segunda versión neoyorquina, (D.G.). Las tres grandes explosiones que preludian lo que será el cataclismo final del movimiento fueron magníficamente controladas, y todo sonó con la precisión de relojería suiza a la que Gergiev tanto nos tiene acostumbrados.

Al final, se hizo el silencio, y empezó el “Urlicht”, en donde la dicción de la cantante fue algo discutible, (no se le notaba muy cómoda), y Gergiev logró mantener bastante bien el aire mítico que requiere el pasaje.
El quinto movimiento fue la suma de todos los aciertos y no tan aciertos de Gergiev durante la velada. El cataclismo que lo abre tuvo indudablemente gran empuje, y las secciones que retoman la transformación del tema del “Dies irae” y las del tema con el que luego se cantará el “Auferstehen” fueron solemnes y tuvieron carga espiritual. La marcha de los muertos, por el contrario, sonó precipitada y sin un ápice de la ironía requerida, (escúchese nuevamente a Bernstein aquí). A favor de Gergiev, hay que decir que las músicas fuera de escena sonaron perfectamente inteligibles y ensambladas en sus correspondientes conjuntos.

Y entonces, en medio de un inusual silencio en Baluarte, entró el coro. No fue, desde luego, la mejor actuación que le he escuchado al Orfeón, pero ciertamente el resultado fue muy digno, dadas las circunstancias apuntadas. Y en este final, Gergiev no acabó de acertar con los tiempos, que fueron en general ligeros. Estaría tentado de decirle que repase el último concierto que Klaus Tennstedt dio con esta obra, (la versión de referencia de la obra toda y de este pasaje en concreto), pero para poder manejar el tempo como lo hacía él hace falta una ciencia mahleriana que hoy nadie tiene, (ni siquiera Ratle, que lo intenta). A favor del ruso, hay que decir que el clímax fue bastante bien construido, y que cuando llegó el final, hubo esa catarsis colectiva sin la cual una “Segunda” de Mahler se queda huérfana. Un poquito más de unción espiritual por parte de todos, y este final habría sido memorable. Pero teniendo en cuenta cómo se preparó el concierto, creo que no podemos exigir más.
Así pues, retomando el argumento inicial: ¿es superficial el Mahler de Gergiev? Bien, yo creo que el Mahler de Gergiev, más que realmente superficial, es convencional. El ruso representa en gran medida la forma en la que el director medio de hoy aborda esta música. Los movimientos centrales ayer fueron extraordinarios, pero el peso de los dos extremos es tal que, a pesar de que fueron efectivos, no dieron el nivel que se espera de un director de las pretensiones de Gergiev.
¿Cómo podría el ruso llegar a penetrar todos los misterios de esta música? Lo que necesita Gergiev es familiarizarse con la obra de Mahler desde dentro. Pero me temo, sin embargo, que eso no se logra dirigiendo un Mahler tras otro y con agendas de conciertos repletas, sino tras una paciente reflexión interna, a ser posible en un lugar retirado y lejano del mundanal ruido. Gergiev, el Karajan de nuestro tiempo, está demasiado ocupado con su ingente agenda de conciertos, e incluso puede que deje de dirigir tanto la música de Mahler cuando terminen los fastos del centenario… ¡Qué pena sería esa, ciertamente! En el futuro, va a ser más prudente confiar en Boulez, Haitink, Zinman, Gielen, Eschenbach u otros directores algo más constantes.

En todo caso, debemos mostrarnos satisfechos de varios hechos: el primero, de que Gergiev haya elegido a nuestro Orfeón Pamplonés para los conciertos mahlerianos, y el segundo, de que a pesar de los pesares, esta “Segunda” de ayer fue magníficamente resuelta en el plano técnico, y a buen seguro nos hizo disfrutar a todos los que estuvimos allí…, que a fin de cuentas, es lo que importa.

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