La Última Noche de los Proms 2011

Mucho más que un simple concierto

Sábado, 10 de Septiembre de 2011. Royal Albert Hall de Londres. Lang Lang, piano. Susan Bullock, soprano. Coro Sinfónico de la BBC. Orquesta Sinfónica de la BBC. Edward Gardner, director. Sir Peter Maxwell Davis: Musica benevolens, (2011, estreno absoluto, obra encargo del Fondo Benevolente para Músicos). Bela Bartok: El mandarín maravilloso, Sz 73, Op. 19: Suite, (1927). Richard Wagner: El ocaso de los dioses: Escena de la inmolación de Brünnhilde, (1874). Franz Liszt: Concierto para piano y orquesta número 1 en Mi bemol mayor, S. 124, (1856). Fryderyk Chopin: Gran polonesa brillante en Mi bemol mayor, Op. 22, (versión para piano Y ORQUESTA), (1835). Tradicional: Mo nighean dubh, (arreglo para coro mixto de Percy Grainger en 1900). Sir Benjamin Britten: Guía de orquesta para jóvenes, Op. 34, (1946). Richard Rodgers y Oscar Hamerstein: Sonrisas y lágrimas: Climb every mountain, (arreglo de Rusell Benet), (1959). Richard Rodgers y Oscar Hamersttein: Carrousel: You’ll never walk alone, (arreglo de Stephen Jackson), (1945). Sir Edward Elgar: Marcha militar de pompa y circunstancia número 1 en Re mayor, “Land of hope and glory”, (1901). Sir Thomas Arne: Rule, Britannia!, (arreglo de Sir Malcolm Sargent), (1740). Hubert Parry: Jerusalem, (orquestación de Sir Edward Elgar en 1922), (1916). Anónimo: Himno nacional del Reino Unido, (arreglo de Sir Benjamin Britten en 1961). Última Noche de los Proms 2011.

Los habituales del blog echarán de menos la crítica de la apertura de temporada de la Orquesta Sinfónica de Navarra. La verdad es que, a priori, el concierto era interesantísimo. ¿Entendería bien Martínez Izquierdo el sentido funerario del tiempo lento de la Séptima de Bruckner? ¿Lograría la orquesta superar las exigencias de la obra? Aquellos que hayan ido al concierto podrán opinar e invito a quien quiera a pronunciarse sobre lo que en Baluarte haya ocurrido el jueves o el viernes.
No obstante, en aquel momento yo estaba en Londres, disfrutando de un fabuloso pastel de carne en un pub irlandés. Me llevaba allí la Última Noche de los Proms, la gran cita musical del verano londinense. Los Proms es una serie de conciertos fundada por Sir Henry Wood, un director que vivió a finales del XIX y principios del XX, de gran inquietud por la música de su tiempo, que pensó en una serie de conciertos barata, accesible a todo el mundo, en donde se combinaran lo viejo y lo nuevo. La arena, el lugar en donde los promers escuchan el concierto de pie, es el motor de toda la sala, y son los promers areneros los más entusiastas…, y patrióticos. Ya la simple lectura del programa sugiere una acumulación de emociones fuertes y exaltaciones patrióticas diversas, con flamear de banderas e intervenciones corales del público. Pero antes de eso pasaron muchas cosas.
En primer lugar, pasó que Sir Peter Maxwell Davis, el Compositor Real, estrenaba una nueva obra. Musica benevolens, su nueva creación, no deja de ser la típica obra que suele estrenarse en conciertos como éste. Es música de circunstancias, con grandeza, sin demasiadas pretensiones. Sin embargo, la sección central es más dramática y en ella se crea tensión a través de evidentes disonancias. Esta música lo mismo sirve para conciertos como éste, como para ceremonias de inauguración olímpicas. Gardner defendió la obra con gran dignidad, y la orquesta y el coro la interpretaron con gran precisión…, con la unión de algunos promers areneros, a buen seguro pertenecientes a la asociación que encargó la obra, que se unieron por su cuenta a las partes corales, (el síndrome del Mesías participativo ha llegado, al parecer, a los Proms).
La música de Bela Bartok nos ha llegado muchas veces a través de las manos de directores húngaros. Dorati, Solti, Kertész y otros directores han establecido un estándar de interpretación, basado en un fuerte puntillismo rítmico y en un gran énfasis a los aspectos folclóricos de las obras. Sin embargo, Gardner prefirió con mucho acierto destacar los pasajes líricos de la suite de El mandarín maravilloso, muy especialmente las intervenciones solistas del oboe y el clarinete, magníficas. Los pasajes más evidentemente rítmicos salieron sin mayor tensión, y en cierta manera se notaba que la orquesta estaba calentando.
Susan Bullock cantó una dignísima escena de la inmolación. La verdad, la voz no es suficientemente potente para llenar el espacio del Albert Hall y habría que ver qué habría ocurrido en una función completa de la obra. En todo caso, Bullock cantó con consciencia del texto, y tuvo algunos momentos especialmente logrados, (“ruhe, ruhe, du Gott!”). Fue acompañada por Gardner, si no con gran inspiración, sí con poesía y atención a la cantante. El momento citado, por ejemplo, encontró a las trompas en glorioso estado de forma.
El concierto de Liszt que tocó Lang Lang fue extraordinario en todos los aspectos. Se puede discutir si son necesarias más libertades, o una mayor incidencia en el virtuosismo de la obra, especialmente en los dos últimos tiempos. No siendo la versión del siglo, en todo caso Lang Lang demostró que es una de las grandes figuras del pianismo actual, y se benefició del magnífico acompañamiento de Gardner. Tres cuartos de lo mismo puede decirse de la polonesa que abrió la segunda parte. La Consolación de Liszt que Lang Lang ofreció fuera de programa habría sido más efectiva después del concierto lisztiano, porque al sonar después de la polonesa rompió el aire festivo de la segunda parte.
Puesto que este año era el aniversario de Percy Grainger, había que incluir una obra suya en programa. Este Mo nigheam dubh es uno de tantos arreglos de canciones tradicionales del autor australiano, y ciertamente muestra todos los aspectos del estilo característico de Grainger, con su típica sofisticación armónica. No superará el arreglo del famoso tema del condado de Deery, pero se hace escuchar muy bien…, y más con un director sensible como Gardner, que supo dirigir al coro de manera magistral.
Finalmente, la Guía de orquesta para jóvenes conoció una interpretación brillante, siempre con la sencillez y sobriedad características de Gardner. Es grandeza lo que eché de menos en las dos intervenciones fundamentales del tema de Purcell, (la primera justo al comienzo; la segunda, emergiendo de la fuga final). El texto adoptado para la narración mostraba bien lo que ocurre durante la obra, y resultó gracioso y apropiado para un concierto como éste.
Hasta aquí, el concierto ortodoxo. Lo que vino después es una gran celebración, no tanto quizá de Inglaterra como país, sino sobre todo de la música en general. Escuchar al Albert Hall al completo entonando el You’ll never walk alone es una experiencia muy, muy emocionante; experimentar la emoción del Land of hope and glory supera toda descripción; el Rule, Britannia! Es una experiencia que todo aficionado a la música debería vivir…, y por supuesto el Jerusalem y el tradicional Auld land sine, que en el Albert Hall, (al menos para mí), no tiene la carga de melancolía añadida tan marcada como escuchado por la radio. Gardner dirigió todas las obras con su sobriedad característica, sin llegar a ser tan “tabernario” como Andrew Davis en su tiempo, por ejemplo. Además, nos obsequió con su sentido del espectáculo en un discurso tradicional, en el que no hubo ni la rigidez del de Behlolavek del año pasado, ni las profundas reflexiones de Mark Elder.
Finalmente, los promers han logrado recaudar más de 82000 libras destinadas a las ONGs de ayuda a los músicos. Es una cantidad de dinero algo menor que el año pasado, pero en todo caso una suma importante, que confío ayude a estos nobles objetivos.
Hay quien dice que todos estos elementos patrióticos que pueblan la Última Noche de los Proms son excesivos, y que exaltan un pasado colonial ya perdido. Serían entonces elementos pasados de moda, que hoy no tendrían sentido. Sin embargo, la Última Noche de los Proms, en todo caso, es más que un simple concierto. Es una celebración de la música, del hacer música juntos, del canto y del júbilo colectivo. Como todo el Festival, es una celebración, una fiesta. Y es eso lo que hace grande al Festival, y a su concierto de clausura.

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