Música contemporánea en Huarte 16-02-2012

La música de nuestro tiempo

Jueves, 16 de Febrero de 2012. Centro de Arte Contemporáneo de Huarte. Miembros de la sección de cuerda de la Orquesta Sinfónica de Navarra. Oscar Sala, trompa y director. José Vicente Egea: Nocturno para trompa. Gordon Jacob: Concierto para trompa y cuerdas, (1951). Hildegard Westerkamp: Fantasie for horn II, (1979).

Asistimos en nuestros días a un fenómeno inédito en la Historia. Hasta hace menos de un siglo, la música que se escuchaba en ámbitos cultos era “la del momento”. Sin embargo, el público de hoy se siente muchas veces incómodo por la música escrita en nuestro tiempo, y se cree incapaz de entenderla, algo que no ocurre en otras manifestaciones artísticas.
Por eso, siempre son interesantes iniciativas como la de ayer, que reunía en un mismo programa tres obras posteriores a 1950 que usan elementos propios de la música de hoy. Si además el intérprete y uno de los compositores las explican, como fue ayer el caso, tanto mejor.
En la rueda de prensa de presentación del concierto, Vicente Egea calificaba su Nocturno para trompa como una obra “compleja”, y no le falta razón. Efectivamente, se exige de la trompa gran parte de sus posibilidades sonoras, incluyendo multifónicos o sonidos simultáneos, y el tratamiento del ritmo y de la orquestación es muy elaborado. El cuidado en la escritura de las partes de las cuerdas y en la creación de colores sonoros contrastantes es digno de elogio. La orquesta y Sala se esforzaron en realizar una interpretación lo más ajustada posible, pero se vieron a veces algo superados por estas demandas técnicas. De cara al oyente, sin embargo, la obra no es difícil de escuchar, especialmente para los conocedores de la música de Bartok, Webern, etc., compositores cuya influencia es aquí reconocible. La obra fue acogida favorablemente por el público.
El Concierto para trompa de Gordon Jacob era más tradicional, y buscaba inspiración en el siglo XVIII. Sin embargo, la vena lírica de determinados pasajes recordaba a Elgar y Holst, representantes de la generación anterior a Jacob, más romántica. Sala y la Sinfónica de Navarra tocaron la obra con relajación y tranquilidad, con gran convicción y haciendo realmente música de cámara, lo cual elevó la interpretación a un nivel superior.
Finalmente, quedaba la obra más “actual” de las tres…, porque ¿qué hay más actual que el sonido de la vida cotidiana, de las bocinas de los faros y los silbatos de los trenes? La obra de Westerkamp se basaba en una grabación de estos sonidos tomada en Vancouver, convenientemente manipulada para lograr un sentido musical, a la que se unen efectos de iluminación, proyecciones e intervenciones de la trompa en momentos concretos establecidos en la “partitura”. Es una obra de audición fácil, y que en muchos momentos respira poesía. Algunos de ellos, como el fundirse de la trompa con los efectos sonoros pregrabados, o la imitación fuera de escena del sonido de la trompa alpina, en una inusitada referencia mahleriana, fueron especialmente hermosos. La interpretación fue más que correcta, y realizada por Oscar Sala con gran convicción y destreza técnica.
Aunque ciertamente el concierto de ayer no refleja los modernismos más vanguardistas en materia sonora, nos sirve para luchar contra un tópico muy extendido. No toda la música de nuestro tiempo es difícil de escuchar. Ojalá cunda el ejemplo, y conciertos como el de ayer resulten más habituales.

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