Carpe diem 15-06-2012

Carpe diem

Viernes, 15 de Junio de 2012. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Ruth Rosique, soprano. Jordi Domènech, contratenor. Markus Eiche, barítono. Escolanía del Orfeón Pamplonés. Juan Gaínza, director de la escolanía. Orfeón Pamplonés. Igor Ijurra, director del coro. Orquesta Sinfónica de Navarra. Ernest Martínez Izquierdo, director. Carl Orff: Carmina Burana, (1936). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Navarra 2011-2012.

Al hablar sobre los Carmina Burana de Carl Orff, se impone hacer referencia a los goliardos, autores de los textos medievales musicalizados en esta obra. Los goliardos, y en general los llamados clérigos errantes, eran estudiantes díscolos de universidades y escuelas catedralicias. Pertenecían a un estrato social culto pero llevaban una vida bohemia, y por eso no gozaban de buena reputación. Sus poemas critican a la jerarquía eclesiástica y exaltan los placeres del vino y el amor carnal. Así, vuelve en estos textos el tópico del carpe diem, aprovechar el tiempo presente, heredado de los poetas romanos y aquí llevado a un extremo desconocido hasta entonces…
Consecuentemente, la música con la que Orff acompaña estos poemas es festiva, e incide en los aspectos rítmicos. Ernest Martínez Izquierdo no los olvidó, y ofreció una interpretación pujante y precisa. En números como “Veris leta facies” o “Floret silva nobilis”, se habría agradecido un tempo más pausado, para enfatizar el misterio del primero y el aire de vals y ländler del segundo. Sí quedaron claros el lirismo de “In trutina” y el humor de “Olim lacus colueram”. Martínez Izquierdo no redescubrió aspectos ocultos de la obra, pero su labor fue efectiva. Por otra parte, los movimientos escénicos que propuso a coro y solistas, que interactuaron con el público a través del patio de butacas, añadieron vistosidad al concierto, pero en esas ocasiones la orquesta tendía a tapar a las voces.
El conjunto de solistas alcanzó un gran nivel. Ruth Rosique es ideal para la parte de soprano de la obra, y reprodujo fielmente los complicados adornos que Orff le dedica. Jordi Domènech caracterizó a un cisne de gran comicidad, del que habríamos disfrutado más si hubiese cantado siempre desde la escena. El barítono Markus Eiche cantó muy bien, aunque los agudos en falsete de la parte francesa de “Dies, nox et omnia” pudieron parecer un tanto afectados. En todo caso, el retrato del abad de Cucaña sí fue admirable.
Los grandes triunfadores de la velada fueron los coros, que realizaron una actuación sobresaliente. Sabemos que el Orfeón Pamplonés puede cantar muy bien un vasto repertorio, pero a los Carmina Burana les ha tomado la medida, como se pudo percibir especialmente a partir del “Ecce gratum”, en donde todos habían tomado posición en escena. . El Orfeón cantó siempre con empaste ejemplar, y siguiendo fielmente las indicaciones del director y el sentido de los textos, algo que no siempre era fácil de conciliar, debido a la ligereza de los tempi en secciones como “In taberna quando sumus”. También la escolanía fue merecidamente aplaudida, igualando el magnífico nivel del coro adulto. Para ambos coros, fue un éxito colosal y muy merecido, con buena parte del público puesto en pie.
Hay razones para sentirse orgullosos del nivel mostrado por ambos coros y estos Carmina Burana fueron un muy buen cierre de temporada para la orquesta. Hay que disfrutar de conciertos como éste, siguiendo la vieja consigna de Horacio: carpe diem.

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