El Mahler de Nott en el Kursaal 01-09-2012

El Mahler de Nott en el Kursaal

Sábado, 1 de Septiembre de 2012. Sala Sinfónica del Auditorio Kursaal de San Sebastián. Orquesta Sinfónica de Bamberg. Jonathan Nott, director. Gustav Mahler: Sinfonía número 6 en La menor, (Trágica), (1906). Concierto inscrito en la Quincena Musical de San Sebastián 2012.

El anuncio en el año 2000 de que Jonathan Nott asumía la titularidad de la Orquesta Sinfónica de Bamberg supuso una gran sorpresa. Un especialista en música actual aceptaba la titularidad de una de las orquestas de mayor solera en Alemania, aclamada en los cincuenta por sus interpretaciones del repertorio tradicional germano, lejano aparentemente a los intereses de Nott . No obstante, la relación entre orquesta y director resultó exitosa y ha propiciado una intensa actividad fonográfica, cuyo resultado más importante es un ciclo sinfónico mahleriano en curso de grabación.
El sábado escuchamos en la Quincena la Sexta sinfonía, que a pesar de que fue compuesta por el bohemio durante sus años más felices, predice musicalmente las desgracias que le sucedieron a partir de 1907: la muerte de su hija, su dimisión en la Opera de Viena y el deterioro de su salud. La obra retrata, se ha dicho, la lucha de un héroe contra su destino, cuyos golpes son representados por los tres golpes de martillo del Finale. El último de ellos, posteriormente eliminado por Mahler, llevaría al héroe a la aniquilación.
Sin embargo, Jonathan Nott prefirió fijarse en otros aspectos de la obra. Esta sinfonía es una de las pocas sinfonías ortodoxas de Mahler, pues se divide en cuatro movimientos que responden a formas “tradicionales”. Nott quiso mostrar la coherencia interna de la obra, aunque pagó por ello un precio quizá demasiado caro…
El primer movimiento, una insistente marcha, no tenía el sabor de lo inevitable, pero sí una extraordinaria construcción formal. A destacar un pasaje lírico en el desarrollo, de expresividad casi impresionista, con los cencerros adecuadamente relegados a segundo plano.
El Scherzo, tocado en segundo lugar, ignorando la última voluntad de Mahler al respecto que lo colocaba en tercer lugar, mostró adecuados contrastes entre las tempestuosas apariciones del tema inicial y los aires de danza o ländler del Trío. Lo mejor de toda la interpretación fue el Andante, un prodigio de expresividad sin artificios románticos.
El Finale mostró las virtudes y carencias de este enfoque. En esta visión tan racional, la estructura interna del movimiento quedó especialmente clara, gracias a una magnífica planificación a largo plazo. El sonido orquestal, el mayor logro de orquesta y director, mostró la vertiente más futurista de la obra. Pero el mayor reto en este Finale es cómo preparar los golpes de martillo, que en esta versión no parecían realmente un hecho inevitable, como debe ser, sino que se preparaban sin prestarles demasiada importancia. Así, al final le faltó intensidad, y no se consiguió la catarsis que logran las grandes versiones de la obra.
En realidad, las dos visiones aquí expuestas de la sinfonía, autobiográfica y estructural, son compatibles, y en unos años quizá el propio Nott llegue a conciliarlas del todo, como han hecho muchos grandes mahlerianos como Barbirolli. Pero de momento, fue éste un Mahler antirromántico que miraba hacia el futuro…, dejando de lado parte de la transcendencia que esta música encierra.

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