El tenor de Tosti y Ponce 18-02-2012

El tenor de Tosti y Ponce

Viernes, 18 de Mayo de 2012. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Ramón Vargas, tenor. Mzia Bachtouridze, piano. Arias de ópera y canciones de Giulio Caccini, Benedetto Marcello, Wolfgang Amadeus Mozart, Gaetano Donizetti, Giuseppe Verdi, Joaquín Turina, Francesco Paolo Tosti, Ignacio Morales y Manuel María Ponce. Concierto organizado por la Asociación Gayarre Amigos de la Ópera.

En un concierto dirigido a los jóvenes y presentado por Leonard Bernstein, el director estadounidense advertía de la necesidad de buscar un sonido específico para la música de cada compositor. Los acentos expresivos aceptables en una estética pueden no ser lo más adecuado para la música de otras épocas, y los intérpretes deben intentar adaptarse a ello. Los músicos olvidamos con demasiada frecuencia esta verdad, y muchas veces las obras resultan por ello privadas de su sentido.
En la primera parte del concierto que nos ocupa, Ramón Vargas no mostró capacidad de adaptar su canto a las obras. Es cierto que, a priori, no se le podía exigir que hiciera un Caccini o un Marcello ortodoxos, porque Vargas no es especialista en música antigua. Pero Mozart es un compositor que Vargas conoce, y por tanto el mexicano sabe que este Don Octavio del Don Giovanni no es un héroe romántico. La pasión desbordada con la que interpretó esa página fue un exceso, quizá aceptable en una obra de Verdi o Puccini, pero no en una delicada aria de Mozart.
Las arias de Donizetti y Verdi que completaron la primera parte fueron mejor resueltas. El canto expansivo, con fuerza, que Vargas nos ofreció es, en este repertorio, mucho más adecuado. Se puede profundizar más en el aspecto psicológico de los personajes, especialmente en el caso del Ricardo de Un ballo in maschera de Verdi. Pero al menos aquí se le vio en su terreno, y se advirtió que poco a poco la temperatura del concierto iba subiendo…
Así las cosas, la interpretación del Poema en forma de canciones fue una sorpresa agradable. No es habitual que un cantante de ópera se atreva con canción española de concierto, y lo cierto es que Vargas resultó convincente, matizando muy bien los textos, apoyado por una eficaz Mzia Bachtouridze.
Y finalmente, llegaba lo más difícil, por delicado, del concierto. Las canciones de Tosti, Morales y Ponce, típicos ejemplos de la música de salón de la primera mitad del siglo XX, con su aire decadente y aparentemente dulzarrón, no deben sonar superficiales, pero tampoco hay que pasarse con la sacarina. En este aspecto, Vargas dio en el blanco. Las canciones que completaron el concierto mostraron a un cantante sensible, capaz de frasear y de dar sentido a cada palabra del texto y, además, exhibiendo los más variados matices. Nuevamente, Bachtouridze realizó una buena labor, y el resultado fue un gran placer estético, en cierta medida un redescubrimiento de este repertorio olvidado en tiempos recientes. El público, que reaccionó con entusiasmo perfectamente comprensible, obtuvo a cambio otras tres canciones, cada una mejor interpretada que la anterior. Al terminar “Muñequita linda”, personalmente uno tenía ganas de seguir escuchando más, y más…
En conjunto, confío escuchar más ópera a Ramón Vargas en días mejores, pero por lo demás, mereció la pena esta segunda parte, en la que disfrutamos con canciones que se revelaron como las auténticas obras maestras que son, gracias a dos intérpretes comprometidos con ellas y que conocen bien su esencia particular.

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