Excesos 04-12-2012

Excesos

Martes, 4 de Diciembre de 2012. Teatro Gayarre de Pamplona. Solistas, Coro y Orquesta Sinfónica Estatal de Ucrania. Ludwig van Beethoven: Sinfonía número 9 en Re menor, Op. 125, (Coral), (1824). Carl Orff: Carmina Burana, (1937).

La velada que se celebró el 22 de Diciembre de 1808 en el Theater an der Wien de Viena ha pasado a la Historia de la Música. Aquella tarde Beethoven estrenó, entre otras obras, sus sinfonías Sexta y Quinta, por este orden, uno de sus conciertos para piano, varios fragmentos de su Misa en Do mayor y un aria de concierto, ofreciendo además varias improvisaciones al piano. El concierto, recreado en el mismo lugar al cumplirse los 200 años del evento, debió de durar unas cuatro horas.
Han pasado dos siglos desde entonces, y dejando al margen la ópera, ya no estamos acostumbrados a conciertos largos. Todo lo que sobrepase las dos horas suele empezar a perder interés, sobre todo si el programa, como en este caso, no presenta obras muy relacionadas entre sí. Al margen de que tanto la Novena Sinfonía de Beethoven como los Carmina Burana de Orff son muy populares, poco más tienen en común, a no ser que queramos interpretar los mensajes de ambas obras de forma bastante simplista. A pesar de todo, la curiosidad por ver cómo funcionaba el experimento era grande.
La Novena Sinfonía de Beethoven fue, la verdad, bastante decepcionante. El problema no fue tanto interpretativo como meramente técnico. La orquesta, probablemente poco ensayada, mostró buena parte de los posibles defectos: desafinación, desajustes, entradas falsas, asperezas, etc. La lista sería demasiado larga. El director tuvo que afanarse por mantener el orden, algo que no siempre consiguió, pese a que el segundo movimiento, especialmente difícil en este aspecto, fue relativamente bien resuelto. Interpretativamente, apenas pudo hacer nada, dentro de unos tiempos bastante razonables en general. En el final coral, la orquesta mejoró su rendimiento, pero ni coro ni solistas se mostraron ortodoxos en la pronunciación del texto, y el conjunto no funcionó. Aplausos muy poco entusiastas del público.
Los Carmina Burana de Orff estaban mejor preparados, y realmente se notó. Aunque la orquesta no se prestaba al refinamiento o la sutileza, sonó más ajustada. El director pudo así dar su visión de la obra, mostrando la vertiente más lúdica deudora de Stravinsky. Momentos como la danza de ronda o el humor ácido de ”Olim lacus colueram” tuvieron gran interés. Mas en ocasiones, como en el “Ecce gratum”, también se echó en falta algo de imaginación. El coro realizó una actuación diligente y adecuada, sin mayor brillantez. De entre los solistas, la soprano y el tenor funcionaron bien, pero el bajo sufrió en el extremo superior del registro, aunque interpretativamente dio la talla. El público no aplaudió con fuerza, pero obtuvo la repetición del número que cierra la primera parte de la obra.
En conjunto, fue un concierto quizá demasiado ambicioso, que habría logrado un mejor resultado sólo con los Carmina Burana de Orff, suficientemente importantes para llenar un concierto. Por otra parte, esto debe enseñarnos a apreciar el nivel de nuestras orquestas y coros. No lo olvidemos.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Críticas DIARIO DE NAVARRA. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s