Händel para todos 19-12-2012

Händel para todos

Miércoles, 19 de Diciembre de 2012. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona: El Mesías, HWV 56: Oratorio bíblico en tres partes, con textos compilados por Charles Jennens y música de Georg Friedrich Händel, estrenado en el Fishamble Street hall de Dublín el 13 de Abril de 1742. Elizabeth Watts, soprano. Claudia Huckle, contraalto. Benjamin Hulett, tenor. Andrew Foster-Williams, bajo. Agrupación Coral Tafallesa. Alicia Osés, directora. Coral Camino de Santiago de Ayegui. José María Chasco, director. Coral Erreniega de la Cendea de Cizur. Yaritza Farah, directora. Coral de la Escuela de Música de Peralta. David Echeverría, director. Coral Orreaga de Garralda. Javier Iriarte, director. Coral San Andrés de Villaba. Máximo Olóriz, director. Coral San Miguel de Aoiz. Aitziber Martxueta, directora. Coro de Cámara Izaga. Silvia Osés, directora. Coral Andra Mari de Errentería. José Manuel Tife Iparragirre, director. Orquesta Sinfónica de Navarra. William Lacey, director musical. Concierto organizado por la Obra Social la Caixa en colaboración con la Orquesta Sinfónica de Navarra.

Desde que se inició la tradición de ofrecer un Mesías en el Royal Albert Hall de Londres en donde el público podía unirse y cantar las partes corales, la idea ha alcanzado un gran éxito. En una era en donde la música sinfónica pasa por una crisis, es ésta una forma de acercar el repertorio sinfónico-coral a los aficionados, además de una celebración del canto coral. La Obra Social La Caixa presentaba por segunda vez la iniciativa en Pamplona, frente a un público en parte inhabitual en Baluarte. La experiencia prometía ser muy interesante, y de hecho fue reveladora en muchos aspectos.
El director William Lacey demostró que conoce bien la obra. Habituado a dirigir la producción operística de Händel, su interpretación mantuvo vigor y fuerza rítmica, además de enorme sentido dramático, evidenciado desde la obertura francesa que inicia la obra. En las arias, mostró los aires de danza implícitos ocultados por la tradición. Todo ello hizo que la obra se siguiese con gran facilidad, algo que agradeció el público, pero también que algunos pasajes fueran demasiado precipitados y, como resultado, que cantantes y coros se viesen forzados innecesariamente. Es obvio que Lacey entendió el carácter festivo de la ocasión, pero una dirección más reposada no habría estado de más.
El equipo de solistas fue homogéneo. La soprano Elizabeth Watts resultó muy musical, y no manifestó ningún problema con las coloraturas de “Rejoyce”, su aria más importante. La contraalto Claudia Huckle empezó quizá un tanto dubitativa, poco ayudada desde el podio, pero entró en materia en un “He was disspased” muy bellamente cantado. El tenor Benjamin Hulett también realizó un proceso similar, empezando con un “Everybody” correcto, pero llegando a la segunda parte con capacidad para frasear muy bien las demás arias. Por último, Andrew Foster-Williams se mostró como un cantante de más entidad y experiencia, que dotó a su parte de dramatismo desde su primera intervención, siendo su aria con trompeta obligato de lo mejor de la función. Todos los solistas ornamentaron las repeticiones de las arias más de lo habitual.
La Coral Andra Mari de Errentería realizó una labor extraordinaria. Aunque los tenores fueron a veces un poco bruscos, la coral cantó con dominio y precisión admirables las tremendas agilidades escritas por Händel…, a los tempi exigidos por el director, nada complacientes. Los coros participativos situados entre el público, que cantaban en determinados momentos bien escogidos, realizaron una labor de gran mérito, por la complejidad que supone preparar una obra de estas proporciones con recursos limitados de tiempo. Hubo, por supuesto, algunas descoordinaciones con la orquesta, pero la emoción que desprendían sus intervenciones y su eficacia general las compensaron con creces. Añadiendo a esto la vitalidad de la dirección, se explica que el éxito fuese más que considerable.
En conjunto, una magnífica velada en la que disfrutamos de una obra fundamental del repertorio coral en una interpretación emotiva y brillante. Y es que la música, y en particular el canto coral, crea un sentido de comunidad incomparable y supone un enriquecimiento personal inmenso para todos los que lo practican.

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