Rossini en las murallas 25-08-2012

Rossini en las murallas

En estos últimos años, nuestras instituciones musicales más importantes han colaborado en eventos encaminados a dar a conocer la música clásica, y en particular la ópera, al gran público. En tiempos de crisis, se hace especialmente necesario abundar en estas iniciativas. Sacar la ópera a la calle, crear afición que posteriormente se acerque a los teatros, es una buena opción.
La Ópera de Cámara de Navarra ha sacado a la calle una de sus producciones, en una iniciativa que, aunque aquí resulte novedosa, en otros países es costumbre desde hace tiempo. Pero no sólo ha representado una ópera en la calle, sino que ha incluido otros elementos: el espectáculo abarcaba el teatro y la gastronomía y evocaba el ambiente de la noche italiana.
Al entrar en el Parque, el espectador se encontraba seis escenarios simultáneos. Por una parte, los solistas del Coro de la AGAO se rodeaban de invitados de lujo para cantar canciones napolitanas en versiones menos almibaradas de lo acostumbrado, pero más cercanas al verdadero espíritu de este repertorio. En otro lugar, los alumnos del Conservatorio Profesional “Pablo Sarasate” interpretaban una selección de La serva padrona de Pergolesi con gracia y fantasía. Patxi Larrea y su grupo representaba con ingenio historias basadas en los personajes de la comedia del arte, para gran regocijo general. El Grupo Malas Pulgas puso al día brillantemente el Lazarillo de Tormes, y Pablo del Mundillo representó con acierto su papel de cómico charlatán, en una tradición tan propia de nuestro teatro. El Cuarteto Nebari ponía el contrapunto refinado y versallesco. Su presentación, musicalmente muy bien realizada, se alejaba del espíritu popular del resto de actuaciones, tal vez por el repertorio escogido.
Con todo, el mayor reto de la velada era representar L’ocasione fa il ladro de Rossini al aire libre, porque son necesarios muchos ajustes para que una obra de estas características funcione bien en un lugar ajeno a su medio natural. La sonorización resultó muy acertada, porque equilibró muy bien a cantantes y orquesta. A cambio, las posibles carencias de unos y otros resultaron más evidentes de lo habitual en el teatro. La puesta en escena de la obra aprovechó, al parecer, todos los recursos que ofrecían las murallas, presentando el argumento de la obra de una forma realista y refrescante, en sintonía con la música del maestro de Pésaro.
Musicalmente, el montaje funcionó de manera eficaz. Desde el podio, Jordi Bernacer interpretó la obra con gracia y vigor típicamente rossinianos. El reparto, formado por figuras de la casa, resultó bastante homogéneo. Estaba encabezado por Abenauara Graffigna, que cantó con luminoso timbre sus pasajes de coloratura, especialmente al comienzo. El tenor protagonista no pareció muy cómodo en su aria de entrada, pero después entró en el papel y resultó convincente. El resto de cantantes actuó de manera eficaz, aunque se echó en falta más fantasía en los recitativos. La Sinfónica de Navarra tuvo sus luces y sombras, pero gracias a la pericia de Bernacer, acompañó adecuadamente a los cantantes.
Naturalmente, en las primeras ediciones de experiencias de estas características, siempre quedan cosas aquí y allá por mejorar, pero en conjunto la velada se saldó con un importante éxito y sería interesante repetir la iniciativa en próximos años…, y si puede ser con una noche calurosa, mejor.

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