Una gran noche de ópera 27-10-2012

Una gran noche de ópera

Sábado, 27 de Octubre de 2012. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Madama Butterfly: Drama lírico en tres actos, con libreto de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa, y música de Giacomo Puccini, estrenado en el Teatro de la Scala de Milán el 17 de Febrero de 1904. Amarilli Nizza (Cio-Cio-San), Elena Cassian (Suzuki), Andeka Gorrotxategui (Benjamin Franklin Pinkerton), Borja Quiza (Sharples), Vicens Esteve (Goro), Alfonso Echeverría (tío Bonzo), Pablo Ruiz (Yamnadori / Yakusidé), Jon Arretxe (Comisionado Imperial / Registrador Oficial), Laura Pidal (Kate Pinkerton), Elena Miral (Madre de Cio-Cio-San), Constanza Giménez (La Tía), Ariadna Martínez (La prima), Thien Erviti (Dolore). Coro Premier Ensemble de la Asociación Gayarre Amigos de la Ópera. Íñigo Casalí, director del coro. Orquesta Clásica de España. Lander Iglesias, director de escena. Tom Donnellan, iluminación. Jose Miguel Pérez Sierra, director musical. Producción de la Asociación Gayarre Amigos de la Ópera.

Entre todas las manifestaciones de la música culta occidental, la ópera es probablemente la más perfecta, porque supone la unión de las distintas artes, en un abanico que abarca la música, el teatro, las artes plásticas y la danza entre otras. Todo esto lo explicaba muy en detalle Richard Wagner en sus escritos teóricos. Presentar una ópera como madama Butterfly sin todos los oropeles de las grandes ocasiones suponía un importante reto, si se quería conservar todo el poder dramático de la obra. Sin embargo, una escenografía muy eficaz y un muy buen reparto vocal hicieron posible el milagro.
La fórmula de la versión semiescenificada funcionó muy bien. En el escenario, estaban los elementos indispensables para la acción y la evocación de ambientes. La misma orquesta ocupaba parte del mismo, pero los solistas tenían espacio propio para poder dramatizar sus intervenciones, y todo sucedió con el realismo de una verdadera representación.
Mas una ópera como ésta necesita un reparto especialmente escogido, empezando por los fundamentales cuatro papeles protagonistas. La gran triunfadora de la velada fue la Cio-Cio-San de Amarilli Nizza. En otro tiempo, quizá se habría considerado que su voz era demasiado lírica, pero lo cierto es que resultó más que suficiente. Aunque nunca llegamos a creernos en el primer acto que apenas era una niña, resultó muy candorosa. Después, realizó una gran lección de canto y drama. Su “Un bel di vedremo”, con su soñador comienzo, fue sin duda lo mejor de su intervención, y suscitó una fuerte ovación espontánea del público. Junto a Borja Quiza, logró una magnífica escena de la carta, y su muerte en el tercer acto resultó muy creíble, integrando bien los sollozos propios de los cantantes contemporáneos de Puccini.
El Pinkerton de Andeka Gorrotxategui no fue tan convincente. Posee una voz difícil y cuando debe ascender a los agudos, éstos suenan firmes, pero abiertos. Además, resaltó el lado canallesco del personaje, de una manera quizá demasiado directa. En esta ópera, Pinkerton es un inconsciente como tantos otros en su situación y época, pero en modo alguno un malvado al uso.
La Suzuki de Elena Cassian mostró muy bien la evolución desde la charlatana criada del comienzo a la humilde servidora de los actos segundo y tercero. Después de un primer acto más apagado, Borja Quiza compuso un Sharples muy humano en los dos restantes, cantando con mucho esmero.
Los personajes secundarios estuvieron muy bien resueltos. Entre ellos, destacaron Vicens Esteve, que bordó el papel del impertinente Goro, y Alfonso Echeverría, que cantó con saña el del Tío Bonzo.
Jose Miguel Pérez Sierra, que sigue mejorando, fue matizadísimo y cuidadoso con las voces, creando el clima dramático adecuado y resaltando la orientalizante escritura de Puccini. Lo consiguió con una orquesta no siempre brillante, a excepción de las cuerdas, y contó con un coro muy adecuado, especialmente en el famoso final del segundo acto.
El público, que llenó Baluarte, asistió a una memorable velada operística, llena de drama y tragedia de verdad. Un resultado excelente que invita a disfrutar de las óperas que tendremos ocasión de escuchar próximamente.

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