De menos a más 17-04-2012

De menos a más

Martes, 17 de Abril de 2012. Teatro Gayarre de Pamplona. Ainhoa Arteta, soprano. Jose Luis Sola, tenor. Rubén Fernández Aguirre, piano. Arias y dúos de óperas de Gaetano Donizetti, Giacomo Puccini y Francesco Cilea, y romanzas y dúos de zarzuelas de Pablo Sorozábal, Amadeo Vives, Federico Moreno Torroba, Ruperto Chapí y Jesús Guridi. Concierto organizado por la Asociación Gayarre Amigos de la Ópera.

Los conciertos de ópera y zarzuela acompañados de piano no son, en teoría, los mejores para aproximarse al género. Se pierde la brillantez del acompañamiento orquestal y el concierto se parece a un recital de lied con entonaciones más melodramáticas. Pero estos conciertos, además de permitirnos escuchar a grandes voces en tiempos de escasez, son buenos por una razón: al reducir el acompañamiento, teóricamente los cantantes no se ven presionados por la orquesta a la hora de proyectar la voz. De esta forma, pueden centrarse en la música…, aunque nunca hay que confiarse y los aspectos técnicos siempre juegan un papel.
El caso de Jose Luis Sola es una cuestión puramente de orden de piezas. Decidió abrir el concierto con el aria de La hija del regimiento de Donizetti, un aria de bravura con nueve famosos does de pecho muy esperados por todos. Sola los afinó bien, pero el sonido resultó un poco forzado. Tras este comienzo, logró encontrarse y cantó con mucha corrección. Fuera de algún arranque de técnica verista en algunas arias, como al final del famoso “No puede ser” de La tabernera del puerto, explicable por la tradición y por el texto en ese punto, su elegante estilo mostró una línea de canto muy lograda.
Ainhoa Arteta tardó más en entrar en acción. Desde luego, no carece de recursos vocales, porque la voz es mayor que la de Sola. El problema de Arteta fue la manera de cantar los agudos, que mostraron un vibrato excesivo. Esto se sintió sobre todo en los dos fragmentos de Puccini, que a la sazón requieren una mayor delicadeza. Una vez cantado el primer dúo con Sola, estos problemas se desvanecieron, y ya en la segunda parte Arteta se mostró como la gran cantante que esperábamos.
En cuanto los cantantes lograron resolver sus problemas técnicos, pudieron centrarse en la música y hubo momentos admirables, a partir del magnífico “Una furtiva lacrima” de Sola, que sirvió de aperitivo. Así, la indiferencia aparente con la que Sola respondía a Arteta en el dúo de L’elissir, la gracia y el salero con los que ella cantó la romanza de Las hijas del Zebedeo de Chapí, o la intensidad con la que ambos cantaron el dúo de La chulapona de Moreno Torroba fueron modélicos, y mostraron la verdadera medida como artistas de dos cantantes maduros que ya tienen una carrera hecha. En este aspecto, toda la segunda parte fue magnífica, incluyendo las imitaciones de acentos regionales por parte de ambos.
El pianista Rubén Fernández Aguirre realizó acompañamientos muy inteligentes, en donde se escuchaba la esencia de las texturas orquestales y se respetaba a los cantantes, manteniendo el pulso dramático. Una labor muy solvente y eficaz, de esas que injustamente suelen pasarse por alto.
En conjunto, se puede decir que fue un buen recital, en donde hubo momentos inolvidables una vez que los cantantes se asentaron. El público pudo apreciar a dos cantantes consagrados, en un repertorio popular que, mejor ordenado, habría propiciado un triunfo aún mayor.

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