Concierto Año Nuevo Baluarte 06/01/2013

Los Strauss fuera de Viena

Domingo, 6 de Enero de 2012. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Diana Vasileva, soprano. Ballet y Orquesta del Festival Johann Strauss. Piotr Vandilovsky, director. Johann Strauss Hijo: El Carnaval en Roma: Obertura, (1873). El murciélago: Aria de Adele del segundo acto “Mein Herr Marquis”, (1874). Abrazaos, millones de criaturas, vals Op. 443, (1892). ¡Viva Hungría!, polka rápida Op. 332, (1869). El murciélago: Czardas de Rosalinde del segundo acto “Klänge der Heimat”, (1874). Sangre luminosa, polka rápida Op. 319, (1867). Marcha persa, Op. 289, (1864). Johann Strauss Hijo y Joseph Strauss: Pizzicato polka, (1870). Joseph Strauss: Charlatanes, polka rápida Op. 245. Johann Strauss Hijo: Cuentos de los bosques de Viena, vals Op. 325, (1868). Vals del tesoro, Op. 418, (1885). El murciélago: Aria de Adele del tercer acto “Spiel’ich die Unschuldvom Lande”, (1874). Fiesta de las flores, polka francesa Op. 111. Joseph Strauss: Polka de los deportes, Op. 170. Johann Strauss Hijo: Polka de Ana, Op. 117, (1852). Donde los limoneros florecen, vals Op. 364, (1874). De nada, polka francesa Op. 372, (1872). De caza, polka rápida Op. 373, (1875). Polka del champán, Op. 211. Voces de primavera, vals Op. 410, (1882). Gran Concierto de Año Nuevo en Pamplona 2013.

Es conocido de todos que los valses de los Strauss fueron en su época un éxito monumental, y no sólo en Viena. La música fue pronto conocida por toda Europa, no tardando en aparecer autores que copiarían sus principales características para obtener un éxito similar. Hoy, la inmensa popularidad del Concierto de Año Nuevo ha propiciado que esta música se siga tocando por todas partes. Sin embargo, la música de los Strauss es eminentemente vienesa, y sólo los conjuntos austríacos suelen encontrar el estilo exacto para poder interpretarla.
La teoría no es fácil de explicar, y menos aún de practicar. En esencia, los tres tiempos del vals vienés no son exactamente iguales, porque el segundo tiende a adelantarse imperceptiblemente, creando un balanceo singular, único e inconfundible. Quienes sigan habitualmente el Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena cada primero de Enero, habrán percibido esto sin duda.
El pasado domingo llegó a Pamplona la Orquesta del Festival Johann Strauss, que ofrecía un concierto basado en la cita vienesa. El programa agrupaba grandes éxitos de la familia con algunas piezas menos conocidas, muchas de ellas descubrimientos recientes. Quizá en conjunto el programa resultó más redondo que el del Concierto de Año Nuevo de este año, cuyas novedades aportaban menos. Pero lo interesante es ver cómo se puede tocar Strauss fuera de Viena, sin ceñirse al estilo vienés.
En efecto, no pareció Piotr Vandilovsky especialmente preocupado por la ortodoxia. Su aproximación a los valses exprimió su vertiente popular, evitando cualquier atisbo de grandeza sinfónica. Primó el sentido del humor, con momentos que recordarían más bien a las bandas de cervecería. Sin embargo, la música respiraba porque Vandilovsky, muy inteligentemente, supo alargar el comienzo de las frases, de manera que se pudiese lograr el balanceo del que hablaba al principio sin descuadrar el tempo. A veces, estos esfuerzos podían parecer un tanto afectados, pero en general fueron efectivos. Lo mejor llegó con las polkas rápidas y la Marcha persa, llenas de empuje rítmico y vitalidad.
Además, Vandilovsky se mostró mucho más cómodo que Welser-Möst el pasado 1 de Enero en Viena en las tradicionales bromas que realizó, como el trasiego del champán en la polka correspondiente o los disparos de De caza, mostrando un sentido del espectáculo muy apropiado en esta música.
Naturalmente, no es justo intentar comparar a esta orquesta con la Filarmónica de Viena, agrupación straussiana por excelencia. Aun así el conjunto se mostró en buena forma técnica, a pesar de la cierta rudeza de los metales. La soprano Diana Vasileva mostró facultades técnicas sobradas para realizar su parte, pero a su voz le falta volumen para imponerse a la orquesta. Puede que funcione mejor cantando música antigua, donde no tendrá necesidad de forzarse.
Las celebradas propinas de estos conciertos estuvieron presentes, así como un grupo de bailarines, para gran deleite del público, en un concierto que, considerando los medios, resultó tal vez más interesante que el del rígido Welser-Möst en Viena. De una forma o de otra, en todo caso, parece que ésta es la mejor música posible para empezar bien el año.

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