Europa Galante Telemann Vivaldi Teatro Gayarre 10/02/2013

Casi demasiado serio

Domingo, 10 de Febrero de 2013. Teatro Gayarre de Pamplona. Europa Galante. Fabio Biondi, violín y director. Giovanni Battista Sammartini: Sinfonía número 6 en Fa mayor, JC 39. Georg Philip Telemann: Suite burlesca de Don Quijote en Sol mayor, TWV 55. Arcangelo Corelli: Concerto grosso en Re mayor, Op. 6 número 4, (1714). Antonio Vivaldi: Concierto para violín, cuerda y continuo en Mi mayor, Op. 8 número 1, RV 268, (La primavera), (1725). Concierto para violín, cuerda y continuo en Sol menor, Op. 8 número 2, RV 315, (El verano), (1725). Concierto para violín, cuerda y continuo en Fa mayor, Op. 8 número 3, RV 293, (El otoño), (1725). Concierto para violín, cuerda y continuo en Fa menor, Op. 8 número 4, RV 297, (El invierno), (1725). Concierto inscrito en el ciclo de Grandes Intérpretes organizado por la Fundación Municipal Teatro Gayarre 2012-2013.

Cuando Fabio Biondi y otros directores italianos irrumpieron en el panorama de la interpretación históricamente informada, fueron considerados como una especie de enfants terribles. Aquellos grupos venidos del sur trajeron savia nueva a nuestra visión de los autores del Barroco, especialmente de Vivaldi. Eran versiones animadas, cargadas de contrastes, libres en muchos aspectos, amén de técnicamente perfectas. Desde luego, algunas versiones más tradicionales han mantenido el tipo a pesar de todo, pero desde su llegada nada volvió a ser lo mismo en este repertorio.
Todos aquellos grupos siguen hoy en activo. Rinaldo Alessandrini, Giovanni Antonini y Otavio Dantone siguen con los mismos presupuestos de entonces, y experimentan cada vez con más libertades. Sin embargo, Fabio Biondi ha preferido adentrarse en otros repertorios, y cuando vuelve al Barroco, obtiene resultados muy distintos, como pudimos escuchar en este concierto.
Tras una sinfonía de Sammartini no demasiado destacable, la sorpresa llegó con la Suite Don Quijote de Telemann. Tras una obertura a la francesa con puntillos un tanto diluidos, los movimientos descriptivos perdieron su característico sentido del humor. Ni los suspiros de Dulcinea fueron especialmente significados, ni el cabalgar de Rocinante tomaba el falso porte aristocrático que debía. Todos estos contrastes, que quizá en otra época Biondi habría destacado más, fueron amortiguados y en general la interpretación perdió espontaneidad.
El concierto de Corelli fue muy bien interpretado, destacando sobre todo por el sentido del ritmo. Los aires de danza de los movimientos rápidos fueron muy logrados, con una Giga de gran viveza. Con todo, los tiempos lentos fueron también muy líricos, con solistas especialmente inspirados. Fue lo mejor de toda la velada.
Se esperaba mucho de lo que Fabio Biondi pudiese hacer con Las cuatro estaciones de Vivaldi. Frente a un conjunto técnicamente perfecto, el italiano podía desplegar todas sus armas mostrando el naturalismo de la obra, y en efecto, fue sin duda una muy buena interpretación. La tormenta que cierra el Verano, la batida de caza con la que concluye el Otoño y el Invierno completo, fueron muy bien resueltos, alcanzándose en esas secciones efectos orquestales especialmente interesantes. Sin embargo, esta mitigación de los contrastes de que hablábamos en la suite de Telemann también se reflejó aquí. Así, los tiempos lentos no alcanzaron el nivel de los movimientos rápidos, porque Biondi no se detuvo en paladearlos, y otros momentos, como el rústico comienzo del Otoño, no fueron suficientemente exagerados. En un director cualquiera, éstos serían defectos menores, pero Biondi es un gran especialista en este repertorio y se esperaba una interpretación con más sentido del humor y acorde con ese nivel. Con todo, el éxito fue grande, y se repitió el tiempo lento del Invierno, con dedicatoria incluida a Patxi Montero, contrabajista navarro que tocaba en el conjunto y que, por cierto, realizó una magnífica labor reforzando el riquísimo continuo.
En conjunto, fue un concierto con obras muy conocidas, del que el público realmente disfrutó. Pero conociendo los precedentes del grupo y parafraseando aquel título de Schumann, buena parte del concierto pareció “casi demasiado serio”.

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